Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

domingo, 22 de febrero de 2026

Avatar: Fuego y Cenizas (2025)

 


  • Título original: Avatar: Fire and Ash
  • Año: 2025
  • Género: Ciencia Ficción
  • Dirección: James Cameron
  • Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Kate Winslet, Oona Chaplin, Stepehn Lang, Cliff Curtis, Jack Champion, Joel David Moore, Edie Falco, Bailey Bass.
  • Guión: James Cameron, Rick Jaffa, Amanda Silver
  • Música: Simon Franglen
  • Fotografía: Russell Carpenter
  • Montaje: James Cameron, Stephen Rivkin, David Brenner, John Refoua
  • Productora: 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment


SINOPSIS

La película mantiene el foco en la familia de Jake y en los conflictos que ponen a prueba su unión. Aunque la trama sigue un camino bastante reconocible, logra mantener el interés gracias a la carga emocional. Los personajes, especialmente Neytiri, muestran un lado más vulnerable y fuerte al mismo tiempo. Es una entrega espectacular y emotiva, que apuesta más por el sentimiento que por las sorpresas.

CRITICA

Avatar: Fuego y cenizas continúa la expansión del universo de Pandora desplazando el eje simbólico del agua hacia el fuego, tanto en lo visual como en lo emocional. La introducción de un nuevo clan Na’vi vinculado a entornos volcánicos amplía el mapa cultural del mundo creado por James Cameron y, al mismo tiempo, complica la mirada idealizada que las primeras entregas ofrecían sobre los pueblos originarios. El guion mantiene la estructura épica característica de la saga —conflicto entre colonización humana y resistencia Na’vi atravesado por el drama familiar de los Sully—, pero intenta introducir una mayor ambigüedad moral al mostrar fracturas internas dentro del propio universo indígena.

Narrativamente, la película vuelve a apoyarse en una progresión clara y emocionalmente directa. El motor dramático sigue siendo la familia: Jake Sully ya no es solo el héroe rebelde, sino un líder marcado por la pérdida y por el peso constante de la responsabilidad. Su arco gira en torno al miedo a fallar como protector, mientras que Neytiri adquiere una dimensión más oscura, atravesada por el duelo y por una relación cada vez más compleja con la violencia. Los hijos, como en la entrega anterior, funcionan como espejo generacional, mostrando distintas maneras de afrontar el trauma y la guerra. La posible presencia de un clan más radical o endurecido por el sufrimiento introduce personajes que cuestionan la idea de una resistencia moralmente homogénea, aportando tensiones internas que enriquecen el conflicto.

No obstante, aunque la ampliación temática aporta matices, la estructura general puede resultar familiar: amenaza externa, dispersión, reagrupamiento y reafirmación de la identidad colectiva. El guion apuesta más por la intensidad emocional y la expansión del mundo que por giros narrativos inesperados. En conjunto, Avatar: Fuego y cenizas parece consolidar la saga como una epopeya sobre familia, identidad y supervivencia en un entorno hostil, buscando mayor complejidad en sus personajes sin abandonar el modelo épico que ha definido la franquicia desde sus inicios.


Calificación personal: 7

A Real Pain (2024)

 


  • Dirección: Jesse Eisenberg
  • Año: 2024
  • Género: Drama
  • Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Jennifer Grey, Liza Sadovy, Kurt Egyiawan, Daniel Oreskes, Ellora Torchia.
  • Guión: Jesse Eisenberg
  • Fotografía: Micha Dymek
  • Productora: Topic Studios


SINOPSIS

Dos primos viajan a Polonia para honrar la memoria de su abuela fallecida. El recorrido por los lugares vinculados a su historia familiar reabre viejas heridas y tensiones entre ambos. Sus personalidades opuestas —una más contenida y otra impulsiva— chocan constantemente durante el viaje. Entre momentos de humor incómodo y confrontaciones emocionales, afloran reproches y vulnerabilidades. Lo que comienza como un homenaje se convierte en una exploración íntima del duelo y de los lazos familiares.

CRITICA

La película A Real Pain, escrita, dirigida y protagonizada por Jesse Eisenberg, es un drama íntimo que explora el peso de la memoria, la herencia familiar y las contradicciones emocionales a través del reencuentro de dos primos que viajan a Polonia para honrar a su abuela fallecida. Lo que podría haber sido un simple “road movie” sentimental se convierte en un estudio incómodo sobre el duelo, la culpa y la dificultad de conectar incluso con quienes comparten nuestra historia.

Desde el punto de vista del guion, la película se sostiene en una estructura sencilla pero eficaz: el viaje físico funciona como catalizador del viaje emocional. No hay grandes giros argumentales ni revelaciones melodramáticas; el conflicto es interno y relacional. Eisenberg construye el relato a partir de diálogos aparentemente cotidianos que esconden tensiones profundas. El tono oscila con habilidad entre la comedia incómoda y el drama contenido, evitando caer en la solemnidad pese al trasfondo histórico vinculado al Holocausto. El guion destaca por su naturalismo: las conversaciones se sienten orgánicas, a veces torpes, llenas de silencios y reproches indirectos, lo que aporta verosimilitud. Sin embargo, esa misma contención puede hacer que algunos momentos parezcan narrativamente estáticos o poco concluyentes para quienes esperan una resolución más clara.

En cuanto a los personajes, la película se articula en torno al contraste entre los dos primos. El personaje interpretado por Eisenberg encarna la ansiedad contenida, la rigidez emocional y la necesidad de control; es alguien que procesa el dolor de forma intelectualizada. En cambio, el personaje de Kieran Culkin es impulsivo, carismático y emocionalmente transparente, pero también inestable y profundamente herido. Este contraste genera la tensión dramática principal: no se trata solo de diferencias de personalidad, sino de maneras opuestas de habitar el trauma y la memoria familiar. Lo más interesante es que ninguno queda reducido a caricatura; ambos resultan contradictorios, a ratos irritantes y a ratos profundamente vulnerables.

El viaje por los lugares vinculados al pasado familiar no se convierte en un discurso histórico explícito, sino en un espejo que amplifica las fracturas personales. La película sugiere que el dolor heredado no siempre se manifiesta de forma solemne; a veces aparece en forma de incomodidad, resentimiento o incapacidad para comunicarse. En este sentido, el guion evita moralizar y se limita a observar cómo dos personas intentan, sin demasiado éxito, entenderse.

En conjunto, A Real Pain es una obra sobria, dialogada y emocionalmente honesta. Su fuerza reside más en la química entre los protagonistas y en la sutileza de sus intercambios que en una trama compleja. Es una película que apuesta por el matiz y la ambigüedad, ofreciendo un retrato sensible —y a veces incómodo— de cómo el pasado y el duelo moldean nuestras relaciones presentes.


Calificación personal: 8


Flow (2024)

 


  • Dirección: Gints Zilbalodis
  • Año: 2024
  • Género: Animación
  • Guión: Gints Zilbalodis, Matiss Kaza, Ron Dyens
  • Música: Gints Zilbalodis, Rihards Zalupe
  • Fotografía: Gints Zilbalodis
  • Montaje: Gints Zilbalodis
  • Productora: Dream Well Studio, Take Five, Sacrebleu Productions


SINOPSIS

Un gato solitario despierta en un mundo cubierto por el agua tras una misteriosa inundación. Para sobrevivir, se refugia en una pequeña embarcación donde coincide con otros animales muy distintos entre sí. Al principio desconfían unos de otros, pero pronto deberán colaborar para enfrentar los peligros del entorno. El viaje por paisajes sumergidos pondrá a prueba su instinto, su valentía y su capacidad de adaptación. En medio del silencio y la incertidumbre, aprenderán que la cooperación es su única esperanza.

CRITICA

La película de animación Flow, dirigida por Gints Zilbalodis, es una propuesta singular dentro del cine animado contemporáneo: una obra prácticamente muda que confía en la imagen, el ritmo y el comportamiento animal para construir su relato. Lejos de la estructura clásica de la animación comercial, Flow apuesta por la contemplación y por una narrativa sensorial donde el guion se articula más a través de la acción y la atmósfera que del diálogo.

Desde el punto de vista del guion, la historia es sencilla en su premisa: un gato solitario debe sobrevivir en un mundo cubierto por el agua tras una gran inundación y acaba compartiendo viaje con otros animales en una pequeña embarcación. Sin embargo, esa simplicidad es deliberada. El guion prescinde de explicaciones sobre el origen del desastre y evita humanizar en exceso a los personajes. No hay moralejas explícitas ni conflictos verbales; el desarrollo dramático se basa en la convivencia forzada, la desconfianza inicial y la construcción progresiva de una cooperación silenciosa. La tensión surge de situaciones físicas —corrientes, ruinas sumergidas, depredadores— más que de antagonismos tradicionales. Esta elección narrativa convierte la película en una experiencia casi universal, aunque también puede resultar exigente para quien espere una trama más estructurada o con clímax convencional.

En cuanto a los personajes, el gran logro de Flow está en su caracterización sin palabras. El gato protagonista no es un héroe antropomorfizado, sino un animal con instintos claros: miedo, curiosidad, territorialidad. Su evolución no pasa por discursos, sino por pequeños gestos —compartir espacio, aceptar ayuda, arriesgarse por el grupo— que revelan un aprendizaje emocional. Los demás animales funcionan como energías complementarias: algunos más confiados, otros más impulsivos o prudentes. No son personajes psicológicamente complejos en el sentido humano, pero sí coherentes en su comportamiento, lo que refuerza la autenticidad del relato.

El guion, en definitiva, se construye sobre la observación y el ritmo. La ausencia de diálogos obliga a que cada acción tenga peso narrativo. Esto fortalece la dimensión poética de la película, pero también reduce la explicitud emocional: el espectador debe proyectar e interpretar. Flow no busca el impacto dramático inmediato, sino una experiencia inmersiva y meditativa sobre la supervivencia, la adaptación y la cooperación en un entorno incierto.

En conjunto, es una obra minimalista y arriesgada que demuestra que la animación puede sostener una historia compleja sin recurrir a fórmulas convencionales. Su guion es austero pero coherente, y sus personajes, aunque silenciosos, transmiten una evolución clara a través de la acción. Más que una aventura tradicional, Flow es una fábula visual sobre la convivencia y la fragilidad del mundo.


Calificación personal: 9



La cena (2025)

 



  • Dirección: Manuel Gómez Pereira
  • Año: 2025
  • Género: Comedia
  • Intérpretes: Alberto San Juan, Mario Casas, Asier Etxeandía, Nora Hernández, Elvira Mínguez, Óscar Lasarte, Martín Páez, Carmen Balagué, Carlos Serrano, Eva Ugarte, Antonio Resines.
  • Guión: Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano.
  • Música: Anne-Sophie Versnaeyen
  • Fotografía: Aitor Mantxola
  • Montaje: Vanessa Marimbert
  • Productora: Crea SGR, A contracorriente Films

SINOPSIS

La película española La cena narra el encuentro de varias parejas que se reúnen para compartir una velada que promete ser especial. Lo que comienza como una cena distendida pronto se ve alterado por una noticia inesperada que sacude la aparente armonía del grupo. A partir de ese momento, afloran secretos, reproches y tensiones ocultas tras años de amistad. Las conversaciones se vuelven cada vez más incómodas y reveladoras, dejando al descubierto las verdaderas relaciones entre ellos. La noche termina convirtiéndose en un punto de inflexión que cambiará para siempre el vínculo entre los protagonistas.


CRITICA

La película española La cena se construye sobre un dispositivo dramático clásico: una reunión alrededor de una mesa que, poco a poco, deja de ser un encuentro cordial para convertirse en un espacio de confrontación. El guion apuesta por la unidad de espacio y tiempo, apoyándose casi exclusivamente en el diálogo como motor narrativo. Esta decisión le otorga intensidad y una sensación de inmediatez casi teatral, pero también exige una gran precisión en la escritura para mantener la tensión, algo que la película logra de forma irregular.

El libreto se articula como una progresiva revelación de secretos y resentimientos. La conversación avanza en capas, y cada intervención reconfigura lo que el espectador creía entender sobre las relaciones entre los comensales. El conflicto no surge de un gran acontecimiento externo, sino de dinámicas acumuladas: viejas rivalidades, frustraciones personales y diferencias ideológicas que afloran en un contexto aparentemente cotidiano. En sus mejores momentos, el guion maneja bien los silencios, las interrupciones y las miradas, utilizando lo no dicho como elemento dramático. Sin embargo, en ciertos tramos los diálogos pueden resultar excesivamente explicativos, subrayando conflictos que ya se intuían y restando sutileza al conjunto.

En cuanto a los personajes, están diseñados como piezas complementarias dentro del engranaje del conflicto. Cada uno encarna una posición emocional o moral clara —el conciliador, el resentido, el provocador, el que intenta mantener las apariencias— lo que facilita la dinámica coral pero limita, en ocasiones, la profundidad psicológica. Más que evolucionar radicalmente, los personajes se desnudan ante el espectador, revelando contradicciones y vulnerabilidades que complejizan su imagen inicial. La tensión surge del choque entre esas identidades y de la imposibilidad de sostener la fachada social en un espacio tan cerrado.

En conjunto, La cena es un drama contenido que encuentra su fuerza en la palabra y en la incomodidad creciente entre sus protagonistas. No pretende grandes giros ni un despliegue visual espectacular; su apuesta es íntima y centrada en el comportamiento humano. Cuando el guion confía en la ambigüedad y en la interpretación, la película gana densidad; cuando se vuelve demasiado explícito, pierde parte de su impacto. Aun así, funciona como un retrato incisivo de las tensiones contemporáneas que pueden estallar en el lugar más cotidiano: una mesa compartida.


Calificación personal: 7



El favor (2023)

 


  • Dirección: Juana Macías
  • Año: 2023
  • Género: Comedia
  • Intérpretes: Inma Cuesta, Diego Martín, Sara Sálamo, Alfonso Bassave, Gonzalo de Castro, Luisa Gavasa, Isabel Ordaz, Pere Ponce, Betsy Túrnez.
  • Guión: Cristóbal Garrido, Adolfo Valor.
  • Música: Vanessa Garde
  • Fotografía: Andreu Rebés
  • Montaje: Victoria Lammers
  • Productora: Grupo Zeta, Atresmedia Cine


SINOPSIS

En una reunión familiar aparentemente rutinaria, surge una petición inesperada que lo cambia todo. El “favor” que uno de los hermanos solicita desata tensiones, reproches y viejas heridas nunca resueltas. A medida que avanza la conversación, salen a la luz secretos y rivalidades ocultas tras años de aparente normalidad. La situación obliga a cada uno a enfrentarse a sus propios límites morales y afectivos. Lo que comienza como un simple encargo termina poniendo en riesgo el equilibrio y la unidad de la familia.

CRITICA

La película El favor, dirigida por Juana Macías, se construye sobre un punto de partida de comedia incómoda: una petición personal que, en apariencia sencilla, actúa como detonante para desenterrar tensiones familiares, rivalidades y secretos acumulados durante años. Desde el guion, la propuesta apuesta por una estructura clásica de reunión —casi teatral— en la que la acción se apoya principalmente en el diálogo y en la confrontación verbal más que en grandes giros narrativos. La premisa es eficaz porque plantea un conflicto moral con potencial cómico y dramático a la vez, pero el desarrollo tiende a moverse por caminos previsibles, explotando situaciones que el espectador intuye con antelación. El libreto funciona mejor en los intercambios rápidos y punzantes que en los momentos en los que busca mayor profundidad emocional, donde a veces se queda en la superficie.

En cuanto a los personajes, la película se apoya en arquetipos reconocibles: el hermano dominante, el inseguro, el que carga con resentimientos del pasado, la figura conciliadora… Esta tipificación facilita el ritmo cómico y permite que el espectador identifique rápidamente las dinámicas, pero también limita la complejidad psicológica. Más que evolucionar de forma radical, los personajes revelan capas de vulnerabilidad que matizan su comportamiento inicial, aunque sin romper del todo con la función que cumplen dentro del engranaje narrativo. El conflicto principal no transforma profundamente a los protagonistas, sino que los expone, dejando al descubierto sus contradicciones y egoísmos.

El mayor acierto del guion reside en su capacidad para capturar la incomodidad de ciertas conversaciones familiares y convertirla en motor cómico. La tensión se dosifica con habilidad y el humor surge tanto de lo que se dice como de lo que se calla. Sin embargo, cuando la historia intenta equilibrar comedia y reflexión, el tono oscila y puede perder algo de fuerza. En conjunto, El favor es una comedia coral sólida y entretenida, que destaca más por la química entre sus personajes y la agilidad de sus diálogos que por la originalidad de su planteamiento o la profundidad de su análisis psicológico.


Calificación personal: 6



Avatar (2009)

 



  • Dirección: James Cameron
  • Año: 2009
  • Género: Ciencia ficción
  • Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodríguez, Giovanni Ribisi, CCH Pounder, Joel David Moore, Wes Studi, Laz Alonso.
  • Guión: James Cameron
  • Música: James Horner
  • Fotografía: Mauro Fiore
  • Montaje: James Cameron, John Refoua, Stephen E. Rivfin
  • Productora: 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment,  Dune Entertainment.

SINOPSIS

En un futuro lejano, el exmarine Jake Sully (Sam Worthington) es enviado al planeta Pandora para participar en un programa que le permite habitar un cuerpo Na’vi y así infiltrarse en la población indígena. Su misión es facilitar la explotación de un valioso mineral por parte de una corporación humana. Sin embargo, al convivir con los Na’vi y enamorarse de Neytiri (Zoë Saldaña), comienza a cuestionar los intereses de quienes lo enviaron. Jake se debate entre la lealtad a los humanos y la defensa del pueblo que lo ha aceptado como uno de los suyos. Finalmente, deberá elegir un bando en el conflicto que decidirá el destino de Pandora.

CRITICA

La película Avatar, dirigida por James Cameron, es un caso paradigmático en el que la forma y el fondo generan un interesante contraste. Si se analiza el guion de manera estricta, la estructura narrativa responde a un esquema clásico y bastante reconocible: el protagonista inválido y desencantado (Jake Sully) llega a un nuevo mundo, se infiltra en una cultura ajena con fines utilitarios, descubre sus valores, se enamora y termina traicionando a los suyos para convertirse en defensor —e incluso líder— del pueblo oprimido. Este arco reproduce el modelo del “forastero que se integra”, presente en numerosos relatos previos. La progresión dramática es clara y eficaz, pero también previsible; los conflictos están marcados desde el inicio y el antagonista encarna un arquetipo de villano militarista sin grandes matices psicológicos. El guion apuesta más por la claridad y la universalidad que por la ambigüedad moral o la complejidad temática, lo que facilita la conexión con el público masivo, aunque limita su profundidad dramática.

No obstante, donde el libreto puede parecer convencional, la película gana fuerza en la construcción del mundo y en la integración temática. El discurso ecológico y anticolonial está articulado de manera directa: la explotación de recursos, la deshumanización del “otro” y la crítica al imperialismo corporativo forman el eje ideológico del relato. Aunque el mensaje no es sutil, sí es coherente con el universo que presenta y se integra orgánicamente en la evolución del protagonista. El conflicto no solo es externo (humanos contra Na’vi), sino también interno: Jake debe decidir a qué identidad pertenece, lo que otorga cierta dimensión simbólica a su transformación.

En cuanto a la fotografía, el trabajo visual es uno de los pilares fundamentales del filme. Aunque gran parte de la imagen es generada digitalmente, la dirección de fotografía —supervisada por Mauro Fiore— crea una estética coherente que combina realismo y fantasía. Pandora está concebida con una paleta cromática vibrante, dominada por azules y verdes intensos, que refuerzan la idea de un ecosistema exuberante y vivo. La bioluminiscencia nocturna no es solo un recurso visual espectacular, sino una herramienta expresiva que subraya la conexión espiritual entre los Na’vi y su entorno. En contraste, el mundo humano se presenta con tonos más fríos y metálicos, con encuadres más rígidos y funcionales, marcando visualmente la oposición entre naturaleza y tecnología.

El uso del 3D también resulta clave en la experiencia estética. Cameron no lo emplea como mero truco comercial, sino como un recurso de inmersión espacial: la profundidad de campo, la disposición de los elementos en distintos planos y la sensación de volumen convierten el entorno en un espacio tangible. La cámara —real o virtual— se mueve con fluidez, especialmente en las secuencias aéreas, generando una sensación de libertad y vértigo que acompaña la transformación emocional del protagonista.

En conjunto, Avatar no destaca por la originalidad de su guion, sino por la manera en que lo potencia a través de la puesta en escena y la fotografía. Es una obra en la que el espectáculo visual no es accesorio, sino constitutivo del sentido: la experiencia estética amplifica el mensaje temático y compensa la previsibilidad narrativa. Así, la película se consolida más como un hito técnico y sensorial que como una revolución en el terreno del relato, pero su impacto en la historia del cine contemporáneo es innegable precisamente por esa fusión entre tecnología, imagen y emoción.


Calificación personal: 8

viernes, 26 de diciembre de 2025

Puñales por la espalda: De entre los muertos (2025)

 


  • Título original: Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery
  • Año: 2025
  • Género: Suspense
  • Dirección: Rian Johnson
  • Intérpretes: Daniel Craig, Josh O'Connor, Glenn Close, Kerry Washington, Josh Brolin, Mila Kunis, Thomas Haden Church, Jeremy Renner, Andrew Scott; Cailee Spaeny, Daryl McCormack
  • Guión: Rian Johnson
  • Música: Nathan Johnson
  • Fotografía: Steve Yedlin
  • Montaje: Bob Ducsay
  • Productora: Lionsgate, Netflix, T-Street Productions


SINOPSIS

Benoit Blanc (Danuiel Craig) Llamado a investigar una muerte rodeada de secretos, fe y viejas culpas, el detective se adentra en un entorno cerrado donde nadie dice toda la verdad y cada confesión esconde una mentira mayor. A medida que avanza la investigación, el misterio se vuelve menos un juego intelectual y más una exploración moral sobre la responsabilidad, el autoengaño y el precio de la verdad.

CRITICA

Puñales por la espalda 3 confirma que la saga concebida por Rian Johnson no está interesada en repetirse, sino en mutar. Si la primera película jugaba con el clasicismo del whodunit y la segunda se inclinaba hacia la sátira social desatada, esta tercera entrega opta por un tono más sombrío, introspectivo y casi espiritual, sin perder el ingenio que define a la serie.

El cambio más notable es el clima. Wake Up Dead Man abandona el brillo y la exuberancia para sumergirse en una atmósfera más cerrada, cercana al misterio gótico. La investigación que enfrenta Benoit Blanc ya no es solo un rompecabezas intelectual, sino una exploración de la culpa, la fe y las mentiras que nos contamos para sobrevivir. El humor sigue ahí, pero más contenido, más ácido, como un mecanismo de defensa frente a lo incómodo.

Daniel Craig vuelve a demostrar que Blanc es el verdadero eje de la franquicia. Aquí su interpretación es más grave y reflexiva: el detective observa tanto como deduce, y parece cargar con el peso moral del caso. Johnson le permite dudar, callar y equivocarse, alejándolo del simple artificio excéntrico para convertirlo en un personaje con sombra.

Como es habitual, el reparto coral funciona como un espejo deformante de la sociedad contemporánea. Cada personaje encarna una forma distinta de hipocresía o autoengaño, y el guion se divierte desmontándolos sin piedad, aunque con menos caricatura que en Glass Onion. El misterio está bien construido, con giros que no dependen solo de la sorpresa, sino de cómo se reordena la información moral del relato.

Visualmente, la película es más austera, pero también más elegante. La puesta en escena privilegia espacios cerrados, luces bajas y encuadres que refuerzan la sensación de encierro ético. Todo conduce a un desenlace menos explosivo y más reflexivo, fiel a la idea de que algunas verdades no liberan: pesan.

Puñales por la espalda 3 es una entrega más oscura y madura, que arriesga al reducir el espectáculo para ganar densidad temática. No busca el impacto inmediato, sino el poso. Puede sorprender a quienes esperen la ligereza de la anterior, pero recompensa a quien acepte un misterio menos festivo y más moral. La saga demuestra así que todavía tiene algo nuevo que decir… y que Benoit Blanc aún no ha resuelto su caso más difícil: entender a las personas.


Calificación personal: 9



Hasta que llegó su hora (1968)

 


  • Título original: Once Upon a Time in the West
  • Año: 1968
  • Género: Western
  • Dirección: Sergio Leone
  • Intérpretes: Charles Bronson, Claudia Cardinale, Henry Fonda, Jason Robards, Gabriele Ferzetti, Frank Wolff, Al Mulock, Woody Strode.
  • Guión: Sergio Leone, Dario Argento, Bernardo Bertolucci.
  • Música: Ennio Morricone
  • Fotografía: Tonino Delli Conni
  • Montaje: Nino Baragli
  • Vestuario: Carlo Simi
  • Productora: Finanzia San Marco, Rafan Cinematográfica


SINOPSIS

Brett McBain, un granjero viudo de origen irlandés, vive con sus hijos en una zona pobre y desértica del Oeste americano. Ha preparado una fiesta de bienvenida para Jill (Claudia Cardinale), su futura esposa, que viene desde Nueva Orleáns. Pero cuando Jill llega se encuentra con que una banda de pistoleros los ha asesinado a todos.


CRITICA

Hasta que llegó su hora es mucho más que un wéstern: es un réquiem monumental por el mito del Oeste y, al mismo tiempo, su consagración definitiva. Sergio Leone toma los códigos clásicos del género y los estira hasta convertirlos en una ópera fúnebre sobre el fin de una era, donde la violencia ya no es aventura sino destino.

Desde su legendaria secuencia inicial, la película deja clara su apuesta: el tiempo se dilata, el silencio pesa más que las palabras y cada gesto tiene valor ritual. Leone filma el Oeste como un espacio condenado a desaparecer, arrasado por el progreso, el ferrocarril y el capital. Ya no hay lugar para héroes puros: solo sobreviven los fantasmas.

El reparto es clave para esa deconstrucción. Henry Fonda, en un giro tan perturbador como histórico, encarna la corrupción absoluta del poder con una sonrisa helada que subvierte su imagen clásica. Frente a él, Charles Bronson es casi una figura abstracta, una presencia vengativa definida más por su música —el inolvidable tema de Morricone— que por sus palabras. Y en el centro, Claudia Cardinale aporta una humanidad dolorosa: su personaje no domina la historia por la fuerza, sino por resistencia.

La música de Ennio Morricone no acompaña la imagen: la define. Cada personaje parece existir a través de su tema, como si estuvieran atrapados en una balada trágica que ya ha sido escrita. La combinación de primeros planos extremos y paisajes inmensos refuerza la sensación de fatalismo: los hombres son pequeños frente a una historia que avanza sin piedad.

Si se le puede reprochar algo, es su duración y su ritmo hipnótico, que exige paciencia y entrega total del espectador. Pero esa lentitud no es un defecto: es parte esencial de su discurso sobre la espera, la muerte y el ocaso.

Hasta que llegó su hora es un wéstern crepuscular, solemne y radical, una obra maestra que transforma la épica en elegía. Leone no celebra el nacimiento del Oeste, sino su entierro. Una película que no se ve: se atraviesa. Ideal para quienes entienden el cine como mito, música y tiempo.


Calificación personal: 6.5



Robot Salvaje (2024)

 


  • Título original: The wild robot
  • Año: 2024
  • Género: Animación
  • Dirección: Chris Sanders
  • Doblaje original: Lupita Nyong'o, Pedro Pascal, Kit Connor, Catherine O'Hara, Bill Nighy, Mark Hamill, Stephanie Hsu, Matt Berry, Ving Rhames.
  • Guión: Chris Sanders.
  • Música: Kris Bowers
  • Fotografía: Chris Stover
  • Productora: DreamWorks Animation Studios


SINOPSIS

El robot Roz 7134 cae en una isla en la que solo hay animales. Para ello, debido a su programación se adapta al entorno entablando una curiosa amistad con un el zorro Bribón y, se hará cargo de una cría de ganso a la que llamará Pico Brillo y al que enseñará a volar. Y entre ambos, se establecerá un vínculo irrompible.


CRITICA

Robot salvaje es una fábula animada de una sensibilidad poco habitual en el cine comercial reciente. Bajo una premisa sencilla —un robot que naufraga en una isla deshabitada— la película construye una reflexión profunda sobre la empatía, la maternidad y la convivencia entre naturaleza y tecnología. No busca deslumbrar con ironía ni velocidad, sino emocionar desde la calma.

El mayor acierto del film es su protagonista. Roz no “se humaniza” en el sentido clásico; aprende a escuchar, observar y adaptarse. La película entiende que la emoción no nace de parecer humano, sino de asumir responsabilidades. La relación con el pequeño ganso al que cuida articula el corazón del relato y convierte la historia en un delicado viaje sobre la crianza, el sacrificio y la despedida.

Visualmente, Robot salvaje es deslumbrante. La animación combina trazos pictóricos, colores suaves y una sensación orgánica que evita el hiperrealismo digital. El entorno natural no es un simple fondo: respira, cambia y dialoga con los personajes. DreamWorks apuesta aquí por una estética que se siente artesanal y poética, coherente con el tono introspectivo de la narración.

El ritmo es deliberadamente pausado, especialmente en su primer tramo. Puede desconcertar a espectadores acostumbrados a la animación frenética, pero esa lentitud es esencial para que el vínculo emocional se construya sin artificios. Cuando la película acelera hacia el conflicto final, lo hace sin traicionar su espíritu: incluso la acción está atravesada por una melancolía serena.

Si tiene un punto débil, es cierta previsibilidad temática y un mensaje claramente universal, a veces cercano al cuento moral. Pero esa claridad no resta fuerza; al contrario, la vuelve accesible sin diluir su honestidad emocional.

Robot salvaje es una película bella, conmovedora y sorprendentemente madura, que confía en el silencio, la imagen y la emoción contenida. Una obra que habla tanto a niños como a adultos, y que recuerda que la humanidad no depende del origen, sino de la capacidad de cuidar y dejar ir. Una de las propuestas animadas más delicadas y memorables de los últimos años.


Calificación personal: 10



Klaus (2019)



  • Dirección: Sergio Pablos
  • Año: 2019
  • Género: Animación
  • Doblaje original: Jason Schwartzman, J.K. Simmons, Rashida Jones, Will Sasso, Sergio Pablos, Norm Macdonald, Joan Cusack.
  • Guión: Sergio Pablos
  • Música: Alfonso González Aguilar
  • Montaje: Pablo García Revert
  • Productora: Netfliz, Atresmedia Cine, The SPA Studios


SINOPSIS

Un cartero llamado Jesper es enviado a una isla remota del Círculo Polar Ártico. Allí ve que la gente de esa remota isla está en disputas constantes. Para salir de allí necesita enviar 6000 cartas. Ante tan ardua tarea, tiene como último recurso a un leñador que vive alejado. Acabará forjando una curiosa amistad con él y como juntos, cambiarán la vida de la gente de esa isla.


CRITICA

Klaus es una rara avis dentro de la animación contemporánea: una película que mira hacia atrás —a la tradición del dibujo clásico— para contar una historia profundamente moderna sobre la generosidad, la comunidad y el poder transformador de los pequeños gestos. Dirigida por Sergio Pablos, no es solo una reinvención del mito de Santa Claus, sino una reflexión lúcida sobre cómo nacen las leyendas.

Narrativamente, la película parte del egoísmo. Jesper es un protagonista antipático, cómodo en su cinismo, y precisamente por eso su arco resulta tan efectivo. El guion entiende que la bondad no surge de la pureza, sino del aprendizaje y la consecuencia. La amistad con Klaus no es un flechazo sentimental, sino una relación que se construye a base de errores compartidos y silencios honestos.

Uno de los grandes logros de Klaus es su estilo visual. Aunque es animación 2D, el uso de luces, volúmenes y texturas le da una profundidad casi tridimensional sin perder la calidez artesanal del trazo. No es nostalgia vacía: es una demostración de que la animación tradicional sigue siendo expresiva, sofisticada y emocionalmente poderosa.

El humor está bien dosificado y nunca rompe el tono. Convive con momentos de melancolía sincera, especialmente cuando la película aborda la pérdida y el aislamiento. La emoción no se fuerza; llega como resultado lógico de la historia. Y cuando lo hace, es difícil no dejarse arrastrar.

Si hay un riesgo, es su estructura claramente diseñada para el gran público, con giros previsibles y un clímax emocional muy calculado. Pero incluso ahí, Klaus gana por honestidad y oficio. No siempre es Hollywood el que tiene que hacer una película de animación grandiosa, también nuestro cine sabe hacer películas de calidad.

Klaus es una película luminosa, inteligente y profundamente humana, capaz de emocionar sin cinismo ni empalago. Recupera el espíritu del cuento clásico para recordarnos que la bondad —como las leyendas— empieza casi siempre por accidente, pero se sostiene por elección. Una de las mejores películas navideñas de la animación reciente, y una prueba de que la tradición aún puede sentirse nueva.


Calificación personal: 9



El caso de Thelma Jordon (1950)

 


  • Título original: The File of Thelma Jordon
  • Año: 1950
  • Género: Suspense, noir
  • Dirección: Robert Siodmak
  • Intérpretes: Barbara Stanwyck, Wendell Corey, Paul Kelly, Stanley Ridges, Byron Barr, Joan Tetzel, Gertrude Hoffman.
  • Guión: Ketti Frings
  • Música: Victor Young
  • Fotografía: George Barnes
  • Montaje: Warren Low
  • Productora: Wallis-Hazen, Paramount Pictures


SINOPSIS

Una misteriosa mujer, Thelma Jordon (Barbara Stanwyck), inicia un romance con el fiscal de distrito Cleve Marshall (Wendell Corey). Él intuye que ella le oculta algo, y sus sospechas se confirman con el hallazgo de un cadáver. A partir de ese momento, Cleve intentarán que no condenen a Thelma.


CRITICA

El caso de Thelma Jordon es un film noir elegante y venenoso, construido sobre la atracción fatal, la culpa y la autodestrucción masculina. Dirigida por Robert Siodmak, la película utiliza el marco del thriller judicial para internarse en un terreno mucho más oscuro: el del deseo como trampa moral.

Desde su primera aparición, Thelma Jordon encarna la esencia del noir clásico. No es solo una femme fatale; es una mujer que entiende perfectamente el poder de su vulnerabilidad aparente. Barbara Stanwyck compone un personaje magnético, ambiguo y peligroso, dosificando seducción y amenaza con una precisión extraordinaria. Frente a ella, Fred MacMurray interpreta a un fiscal gris, agotado y vulnerable, cuya caída no se debe a la maldad ajena sino a su propia debilidad.

El guion se mueve con inteligencia entre el melodrama romántico y el thriller criminal, pero lo más interesante es cómo la película desmantela la ilusión del control masculino. El protagonista cree dominar la situación —el caso, la mujer, la ley— cuando en realidad ya ha cruzado el punto de no retorno. El amor no redime: condena.

Visualmente, Siodmak firma una puesta en escena sobria pero eficaz, apoyada en una fotografía de contrastes duros que refuerza el clima de fatalismo. Los interiores —oficinas, apartamentos, salas de juicio— se convierten en espacios claustrofóbicos donde la verdad siempre parece a punto de asfixiar a los personajes. No hay romanticismo en la caída: solo consecuencias.

Si tiene un punto discutible, es cierto esquematismo en algunos personajes secundarios y un desenlace que, para estándares actuales, puede parecer demasiado ordenado. Aun así, dentro de la lógica del Hollywood clásico, el cierre resulta coherente con su visión moral.

El caso de Thelma Jordon es un noir afilado y profundamente cínico, donde el crimen importa menos que la corrupción emocional. Una película que observa el deseo sin indulgencia y que confirma a Barbara Stanwyck como una de las figuras más complejas y peligrosas del cine negro. Ideal para quienes buscan un noir menos espectacular y más corrosivo, donde la verdadera sentencia no se dicta en el tribunal, sino en la conciencia.


Calificación personal: 8



jueves, 25 de diciembre de 2025

Caza de brujas (2025)

 




  • Título original: After the hunt
  • Año: 2025
  • Género: Drama
  • Dirección: Luca Guadagnino
  • Intérpretes: Julia Roberts, Andrew Garfiel, Ayo Edebiri, Michael Stuhlbarg, Chloë Sevigny
  • Guion: Nora Garrett
  • Música: Atticus Ross, Trent Reznor
  • Fotografía: Malik Hassan
  • Productora: Amazon, Imagine Entertainment, Frenesy Film Company


SINOPSIS

Una profesora universitaria (Julia Roberts) se encuentra en una encrucijada personal y profesional cuando una estudiante estrella (Ayo Edebiri) acusa a uno de sus compañeros de trabajo (Andrew Garfield) y un oscuro secreto de su pasado amenaza con salir a la luz.


CRITICA

Caza de brujas es un drama incómodo, deliberadamente ambiguo y profundamente contemporáneo. Bajo la dirección de Luca Guadagnino, la película se sitúa en un entorno universitario para explorar cómo el miedo, la reputación y el poder distorsionan la noción de verdad cuando una acusación lo contamina todo. No es un thriller al uso: es un campo minado moral.

Julia Roberts ofrece aquí una de sus interpretaciones más secas y contenidas. Su personaje —una profesora atrapada entre la lealtad, la culpa y la autopreservación— no busca la empatía inmediata; impone distancia. Esa frialdad es, a la vez, su mayor virtud y su mayor riesgo: Roberts compone a una mujer inteligente y moralmente exhausta, pero la película rehúye cualquier gesto conciliador con el espectador.

El guion apuesta por el conflicto de ideas más que por el desarrollo emocional clásico. Las conversaciones son densas, tensas, a menudo incómodas, y reflejan bien un mundo donde cada palabra puede ser usada como prueba o como arma. Guadagnino filma esos enfrentamientos con una sobriedad casi clínica, evitando subrayados y dejando que el malestar se acumule lentamente.

Esa apuesta, sin embargo, tiene un precio. La película puede sentirse discursiva y, por momentos, más interesada en provocar debate que en construir una progresión narrativa clara. La ambigüedad —clave de su propuesta— a algunos les resultará estimulante; a otros, frustrante. Caza de brujas no ofrece respuestas ni catarsis: plantea dilemas y se retira.

Caza de brujas es un film áspero, cerebral y valiente, que incomoda más de lo que entretiene. No busca consenso ni alivio moral, sino confrontar al espectador con sus propios prejuicios sobre la verdad, la justicia y el linchamiento social. Julia Roberts sostiene el peso del relato con autoridad silenciosa. Gustará más a quien acepte la duda como final que a quien espere certezas.


Calificación personal: 4



Las ballenas de agosto (1987)

 


  • Título original: The Whales of August
  • Año: 1987
  • Dirección: Lindsay Anderson
  • Género: Drama
  • Intérpretes: Bette Davis, Lillian Gish, Vicent Price, Ann Sothern, Harry Carey Jr.
  • Guion: David Berry
  • Música: Alan Price
  • Fotografía: Mike Fash
  • Montaje: Suzanne Lang-Willard
  • Vestuario: Ann Roth
  • Productora: Nelson Entertainment



SINOPSIS

Las hermanas Strong (Bette Davis y Lillian Gish) viven en su vejez en su casa de la isla de Maine. Libby (Bette Davis) está ciega y depende de la ayuda de su hermana Sarah (Lillian Gish). Libby vive en una constante amargura y en un deseo constante para que se termine. Sin embargo, Libby intenta que Sarah recuerde los buenos momentos que vivieron en esa casa.


CRITICA

La historia sigue a dos hermanas ancianas que pasan el verano en una casa frente al mar de Maine. Desde ese punto mínimo, la película construye una reflexión delicada sobre la vejez, la soledad y la dignidad de seguir habitando el mundo cuando casi todo parece haber quedado atrás. No hay giros espectaculares ni conflictos ruidosos: el drama vive en las miradas, en las frases que llegan tarde, en los recuerdos que pesan más que los cuerpos.

El mayor logro del film es su interpretación. Las actuaciones transmiten una verdad casi desnuda, sin subrayados sentimentales. Los diálogos, pausados y a veces ásperos, suenan auténticos; permiten que aflore tanto el cariño como el resentimiento acumulado durante toda una vida compartida. La cámara observa con respeto, evitando el morbo o la condescendencia hacia la vejez.
Visualmente, la película acompaña su tono introspectivo con una fotografía serena: el mar, las rocas y el cielo funcionan como metáforas evidentes pero eficaces del tiempo cíclico y de la fragilidad humana. El ritmo, deliberadamente lento, puede resultar exigente para algunos espectadores, pero es coherente con su propuesta: mirar sin prisa, aceptar la quietud.

Como punto débil, esa misma sobriedad puede sentirse distante. Quien espere una narración convencional o emociones explícitas quizá la encuentre fría o demasiado teatral en ciertos momentos. Sin embargo, para quien conecte con su tempo y su sensibilidad, la recompensa es profunda.
Las ballenas de agosto es una película íntima y crepuscular, más cercana a un poema visual que a un drama clásico. Habla de envejecer sin grandilocuencia, con una honestidad poco frecuente en el cine. No busca conmover a golpes: lo hace despacio, como las ballenas que pasan frente a la costa… y, cuando lo consigue, deja huella.

Calificación personal: 7



sábado, 23 de agosto de 2025

Materialistas (2025)

 


  • Título original: Materialists
  • Año: 2025
  • Género: Romántica
  • Dirección: Celine Song
  • Intérpretes: Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal, Marin Ireland, Zöe Winters, Louisa Jacobson, Dasha Nekrasova.
  • Guión: Celine Song
  • Música: Daniel Pemberton
  • Fotografía: Shabier Kirchner
  • Montaje: Keith Fraase
  • Productora: A24 Films, 2AM Films, Killer Films, IPR.VC


SINOPSIS

Lucy  (Dakota Johnson) es una joven casamentera de Nueva York que se encarga de unir solteros para encontrar la pareja perfecta. Sin embargo, su mundo se desestabiliza al encontrarse atrapada en un triángulo amoroso con Harry (Pedro Pascal), un apuesto financiero multimillonario, y su exnovio John (Chris Evans), un actor de poco éxito.


CRITICA

Desde hacía bastante tiempo que no veía una película romántica que me atrapase tanto y que a la vez, tocase temas que me hiciesen pensar tanto y de una forma tan profunda. No consiste en dejar mal a los hombres o a las mujeres, sino un alegato a lo que muchos hombres y muchas mujeres en el ámbito de las relaciones amorosas y como muchas veces nos queremos conformar con una relación que realmente no nos merece.

El personaje de Lucy (interpretada por Dakota Johnson, la cual va mejorando bastante en sus dotes interpretativas) es una matchmaker que se encarga de planificar citas pero, se ha creado una coraza que, aunque no la quiera mostrar, hay algo en su interior que realmente desea y que no sea en base a unos requisitos: enamorarse de un hombre y no estar con el simplemente por compromiso. A pesar de dedicarse a ello le hace ver que los candidatos no son solo de forma materialista, sino que a veces hay que tomar riesgos y que los requisitos de la apariencia no fundamentan la base de un noviazgo o de un matrimonio y que al no ser sencillo, no hay que rendirse a la primera de cambio.

Dentro del trabajo que realiza Lucy se ve también la realidad a la que están sometidos muchos jóvenes adultos (especialmente las mujeres) de no verse abocados a una soledad "forzada" en el caso de las mujeres pero, en el caso de los hombres buscan una estabilidad en mujeres mucho más jóvenes que ellas para reforzar su masculinidad. Es decir, estar cómodos en su posición y no tener que comprometerse de una forma más profunda y completa. Este es el caso del personaje de Harry (interpretado por Pedro Pascal) que tiene ese miedo a no saber si podrá amar alguna vez y prefiere quedarse en la superficialidad de la comodidad para reforzar su seguridad.

El tercer vértice de esta historia está en el personaje de John (interpretado por Chris Evans, el cual intenta salir de personaje de Marvel El capitán América) que ha observado como su vida sigue igual, su amor se le escapó pero, fue sobre todo porque no aguantó el ser el hombre que no puede aparentar lo que no es o fingir lo que no tiene porque prefiere el esfuerzo y el tesón de la lucha y la "pobreza" que ser rico y vacío.

Esto se contrapone con Lucy, a la cual se la ve materialista ya que observa que si una mujer no es exitosa, con unos principios de la apariencia es lograr la meta a la que se debe aspirar. Pero realmente, todo ese éxito, todo el dinero que se amasa, toda esa fama por aparentar, todas esas poses fingidas, nunca llegan a llenar ese vacío que anhela: el amor. No ese amor romántico donde todo son palabras bonitas. No va enfocado a ese ángulo, si no más bien a que la presencia de esa persona sea más valiosa que la soledad y que esa persona lo sepa apreciar y respetar. No por el exterior sino por el interior.

En conclusión, puedo decir (desde mi humilde opinión) que hoy en día buscamos la inmediatez, el placer de lo momentáneo pero no el compromiso; ya que nos aterra a que alguien nos quite ese espacio, ese momento personal o incluso sea la barrera de poder amar alguien ya que, después de múltiples fracasos provoca que mostremos el lado que no es de verdad porque aceptamos el amor que creemos merecer. Por eso, merecemos lo que realmente anhelamos para vivirlo en plenitud.


Calificación personal: 9



El destino también juega (1966)

 


  • Título original: A big hand for the little lady
  • Año: 1966
  • Género: Western
  • Dirección: Fielder Cook
  • Intérpretes: Henry Fonda, Joanne Woodward, Jason Robards, Charles Bickford, Burgess Meredith, Paul Ford, Kevin McCarthy.
  • Guión: Sidney Carroll
  • Música: David Raskin
  • Fotografía: Lee Garmes
  • Productora: Warner Bros Pictures


SINOPSIS

Meredith (Henry Fonda), Mary (Joanne Woodward) y su hijo hacen un alto en su viaje y se quedan en un hotel de Laredo. Jugadores de todas partes, incluyendo al multimillonario Henry Drummond (Jason Robards, Jr.), se reúnen allí para participar en la partida de póker más importante del Oeste. A pesar de las recomendaciones de su esposa, Meredith cae en la tentación del juego y pierde todos los ahorros familiares.


CRITICA

El destino también juega, dirigida por Fielder Cook y protagonizada por Henry Fonda, es un western muy poco convencional, casi diríamos un “antiewestern”, porque rehúye de los grandes escenarios, los caballos o los duelos a pistola para encerrarse en un salón polvoriento y centrar toda su tensión en una mesa de póker. El argumento parte de una premisa sencilla: una familia que viaja por Texas hace un alto en el camino y el padre, Meredith (Fonda), con un pasado de jugador compulsivo, no puede resistirse a unirse a la partida más legendaria de la región. La anécdota, que podría quedar en un mero incidente de guion, se convierte en un microcosmos del Oeste, un espejo donde se reflejan la avaricia, la debilidad humana y los juegos de poder.

Lo que da verdadero peso a la película no es la acción en sí, sino la tensión psicológica. El guion es inteligente, irónico, y sabe dosificar el suspense a través de silencios, miradas y frases punzantes. Cada gesto alrededor de la mesa, cada carta lanzada con brusquedad, cada pausa calculada añade una capa de dramatismo que sustituye con eficacia a cualquier tiroteo. Se percibe, sin embargo, que la puesta en escena procede de un director que venía de la televisión: la planificación es sobria, sin grandes alardes visuales, y en cierto modo limita el vuelo cinematográfico. Pero esa misma contención encierra a los personajes en un espacio cerrado y cargado, lo que potencia la sensación de asfixia y convierte la mesa de juego en un auténtico campo de batalla.

Las interpretaciones sostienen la película con una solidez envidiable. Henry Fonda, maestro del gesto mínimo, encarna a un Meredith patético y vulnerable, un hombre devorado por la ludopatía cuya dignidad se derrumba con cada apuesta. Joanne Woodward, en el papel de Mary, es quien termina asumiendo el protagonismo real: de esposa moralista y severa pasa a improvisada jugadora capaz de sostener la última mano, y lo hace sin heroicidades, sino con astucia y un ingenio forzado por la desesperación. Jason Robards, con su Henry Drummond, aporta la figura del villano altivo, cruel y mordaz, cuya sola presencia refuerza la dimensión psicológica del duelo. Y alrededor de ellos, los secundarios —Charles Bickford, Burgess Meredith, Kevin McCarthy, Paul Ford— pintan un retrato coral de la codicia, la fanfarronería y la arrogancia de quienes dominan ese mundo de apuestas y poder.

Más allá de su trama inmediata, la película aborda cuestiones de fondo: la adicción al juego como metáfora de una pulsión destructiva, la sorprendente irrupción de una mujer en un espacio masculino como símbolo de ruptura de roles, y la hipocresía de una sociedad en la que los grandes terratenientes y banqueros se juegan fortunas como si fueran simples fichas, ajenos a las consecuencias reales. En este sentido, lo que aparenta ser una comedia ligera con tintes dramáticos termina convirtiéndose en una crítica social disfrazada de western.

Si bien algunos críticos le reprocharon falta de nervio en la dirección y cierto aire artificioso, lo cierto es que El destino también juega ha envejecido con encanto. Se la recuerda como una “pequeña joya” de su tiempo: modesta en forma, pero astuta en fondo. Su fuerza no radica en la espectacularidad, sino en la inteligencia de su guion y en el magnetismo de sus intérpretes. No es una obra maestra del género, pero sí una película diferente, ingeniosa y sorprendentemente tensa, que demuestra que en el Oeste también se podía construir emoción a partir de cartas, silencios y sonrisas envenenadas, sin necesidad de disparar una sola bala.


Calificación personal: 6

martes, 19 de agosto de 2025

Cómo entrenar a tu dragón (2025)

 


  • Título original: How to train your dragon
  • Año: 2025
  • Género: Aventuras
  • Dirección: Dean DeBlois
  • Intérpretes: Gerard Butler, Mason Thames, Nico Parker, Nick Frost, Gabriel Howell, Julian Dennison, Harry Trevaldwyn, Bronwyn James, Ruth Codd.
  • Guión: Dean DeBlois
  • Música: John Powell
  • Fotografía: Bill Pope
  • Productora: DreamWorks Animation, Marc Platt Productions.


SINOPSIS

En la escarpada Isla Mema, donde vikingos y dragones han mantenido una amarga enemistad durante generaciones, Hipo es un muchacho diferente a los demás. El ingenioso y subestimado hijo del jefe Estoico el Inmenso desafía siglos de tradición haciéndose amigo de Desdentao, un temido dragón Furia Nocturna.

CRITICA

El remake en imagen real de Cómo entrenar a tu dragón, dirigido nuevamente por Dean DeBlois, se presenta como un ejercicio de fidelidad extrema que busca trasladar a un nuevo lienzo, más tangible y naturalista, la magia que en 2010 conquistó al público en animación. Desde los primeros minutos queda claro que la intención no es reinventar la historia, sino embellecerla con recursos técnicos de última generación, escenarios naturales majestuosos y una puesta en escena que juega entre el realismo y la fábula. La fotografía de Bill Pope da cuerpo a un Berk vibrante, donde la aspereza de la tierra, la humedad de los acantilados y la rudeza del hierro conviven con el fulgor mágico de los dragones, criaturas diseñadas con un nivel de detalle que oscila entre lo monstruoso y lo adorable, manteniendo intacta la ternura expresiva de Desdentao.

El mayor desafío del filme era mantener vivo el corazón de la historia: la relación entre Hipo y el dragón. Y en este aspecto, la película logra emocionar con la misma intensidad que la original. Las escenas de vuelo son coreografías de aire y música, impulsadas por la banda sonora de John Powell, que vuelve a desplegar un tema central capaz de despertar la misma fascinación que hace quince años. Sin embargo, esa fidelidad absoluta al material de origen, plano por plano en ocasiones, genera una tensión difícil de ignorar: el espectador oscila entre la emoción de reencontrarse con lo ya conocido y la sensación de que nada nuevo se está explorando. Para algunos, esto convierte la película en un homenaje visualmente impecable; para otros, en un remake innecesario cuya fuerza radica más en la nostalgia que en la innovación.

En lo actoral, Mason Thames ofrece un Hipo menos caricaturesco, más torpe y humano, un joven vikingo que transmite fragilidad pero también un temple silencioso que lo hace creíble como héroe en formación. Gerard Butler, retomando ahora con cuerpo completo el papel de Stoick, impregna al personaje de una autoridad conmovedora, sin caer en la exageración, y su sola presencia da solidez a la figura paterna. Nico Parker, en cambio, aporta quizá la interpretación más fresca y sorprendente: su Astrid conserva la dureza guerrera pero le añade un registro emocional más amplio, logrando que cada mirada hacia Hipo contenga tanto recelo como complicidad. La interacción entre los tres sostiene la película en sus momentos más humanos, compensando la frialdad que a veces impone el despliegue digital.

El desenlace mantiene la contundencia emocional de la versión original, con esa mezcla de sacrificio, aprendizaje y reconciliación que convierte la aventura en una parábola sobre la aceptación y el vínculo entre mundos aparentemente irreconciliables. Y aunque el guion no arriesga en su estructura, el simple hecho de ver a personajes de carne y hueso enfrentarse a dragones reales —con texturas, sombras y una fisicidad convincente— dota a la historia de un nuevo peso dramático. La película triunfa como espectáculo visual, conmueve en su eje central y cumple con solvencia como traducción de un clásico animado. Pero también deja la sensación de que su grandeza se sostiene más en lo que evoca que en lo que propone: un recordatorio de lo que ya fue perfecto más que un viaje hacia territorios desconocidos.

En suma, Cómo entrenar a tu dragón es un triunfo técnico y una carta de amor a la obra original, capaz de emocionar y maravillar en pantalla grande, pero también un ejemplo de las limitaciones de los remakes contemporáneos: reproduce con devoción, sin reinventar. Lo que pierde en sorpresa lo compensa con belleza visual y honestidad, y aunque nunca llega a eclipsar a la versión animada, se erige como un digno eco en carne y hueso de un relato que, con dragones o sin ellos, sigue hablando del miedo, el descubrimiento y la posibilidad de volar más allá de lo conocido.


Calificación personal: 8.5

La cicatriz (1948)

 


  • Título original: Hollow Triumph
  • Año: 1948
  • Género: Thriller
  • Dirección: Steve Sekely
  • Intérpretes: Paul Henried, Joan Bennett, Eduard Franz, Leslie Brooks, John Qualen, Mabel Paige, Herbert Rudley, Charles Arnt.
  • Guión: Daniel Fuchs
  • Música: Sol Kaplan
  • Fotografía: John Alton
  • Productora: Eagle-Lion Films, Bryan Foy.


SINOPSIS

Tras salir de la cárcel, John Muller (Paul Henreid), un astuto criminal con estudios en medicina y psiquiatría, sueña con el día en que logre dar "el gran golpe". Mientras tanto se ve obligado a desempeñar un aburrido trabajo de oficina. Un día, Muller decide llevar a cabo su sueño, robando en un conocido club de juego, propiedad del mafioso Rocky Stansyck. Tras el golpe y durante su huida, Muller será confundido con el Dr. Bartok, prestigioso psquiatra, debido a su asombroso parecido. Muller tratará de aprovechar la ocasión para esconderse, suplantando la personalidad del doctor. Para ello, deberá autoinflirgirse una herida que le deja una cicatriz idéntica a la del conocido psiquiatra.


CRITICA

La cicatriz es un noir tardío de los años cuarenta que condensa muchos de los elementos esenciales del género: el azar, la identidad como máscara, el destino ineludible y la atmósfera de engaño constante. La historia gira en torno a John Müller (Paul Henreid), un exconvicto que, tras fracasar en un robo, asume la identidad de un psiquiatra al que se parece físicamente, con la única diferencia de una cicatriz en el rostro. Este punto de partida ya sitúa a la película en un terreno fascinante: el doble, el disfraz, la imposibilidad de escapar de uno mismo.

Desde lo cinematográfico, la dirección de Steve Sekely no alcanza la sofisticación de un Fritz Lang o un Robert Siodmak, pero sabe construir un clima sombrío y fatalista. La fotografía de John Alton —uno de los grandes maestros del claroscuro en Hollywood— eleva la película por encima de su modesto presupuesto. Sus juegos de sombras, las diagonales marcadas y los contrastes extremos convierten cada encuadre en un pequeño tratado de expresionismo aplicado al noir. La cámara crea un universo visual donde la luz nunca es plena y los personajes parecen condenados a moverse en penumbras, atrapados por su propia condición.

El guion desarrolla con precisión esa sensación de destino inexorable. La trama del impostor que intenta reinventarse no se convierte en una historia de redención, sino en una espiral de ironías crueles: la cicatriz que debería delatarlo acaba siendo, paradójicamente, lo que asegura su disfraz; pero al mismo tiempo esa misma marca lo condena. La película insiste en que, aunque uno cambie de nombre, ropa o rostro, la culpa y la fatalidad terminan alcanzando a los personajes del noir.

En cuanto a las actuaciones, Paul Henreid se aparta de la imagen heroica y elegante que arrastraba de Casablanca para encarnar a un personaje mucho más ambiguo, incluso desagradable en su frialdad y oportunismo. Su interpretación transmite bien la dualidad entre el criminal que huye y el profesional respetable al que suplanta. Joan Bennett, por su parte, construye una figura femenina menos femme fatale que en sus colaboraciones con Fritz Lang, pero igualmente magnética. Aquí da vida a Evelyn Hahn, una secretaria inteligente y desencantada, atrapada en su propia rutina, que se convierte en cómplice involuntaria y luego en víctima de las circunstancias. Bennett imprime al personaje una mezcla de pragmatismo y vulnerabilidad que la aleja del estereotipo, ofreciendo una de sus interpretaciones más contenidas y maduras.

El desenlace, fiel al espíritu del género, es demoledor en su ironía: cuando parece que Müller ha conseguido vencer al destino, un azar mínimo lo devuelve a la condena. Es ese gesto final, esa revelación abrupta, lo que convierte a La cicatriz en una obra profundamente nihilista, una advertencia sobre la imposibilidad de escapar de la propia naturaleza y del azar que gobierna la vida en el cine negro.

En definitiva, La cicatriz puede no tener el prestigio de los grandes títulos del noir, pero se sostiene como una pieza sombría, elegante en su fotografía y contundente en su moraleja. Paul Henreid demuestra una faceta oscura inesperada y Joan Bennett aporta una humanidad discreta pero esencial, en un filme que condensa como pocos el principio rector del género: el destino siempre cobra su precio.


Calificación personal: 7


(NO HAY TRAILER DISPONIBLE)