Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

martes, 19 de agosto de 2025

La cicatriz (1948)

 


  • Título original: Hollow Triumph
  • Año: 1948
  • Género: Thriller
  • Dirección: Steve Sekely
  • Intérpretes: Paul Henried, Joan Bennett, Eduard Franz, Leslie Brooks, John Qualen, Mabel Paige, Herbert Rudley, Charles Arnt.
  • Guión: Daniel Fuchs
  • Música: Sol Kaplan
  • Fotografía: John Alton
  • Productora: Eagle-Lion Films, Bryan Foy.


SINOPSIS

Tras salir de la cárcel, John Muller (Paul Henreid), un astuto criminal con estudios en medicina y psiquiatría, sueña con el día en que logre dar "el gran golpe". Mientras tanto se ve obligado a desempeñar un aburrido trabajo de oficina. Un día, Muller decide llevar a cabo su sueño, robando en un conocido club de juego, propiedad del mafioso Rocky Stansyck. Tras el golpe y durante su huida, Muller será confundido con el Dr. Bartok, prestigioso psquiatra, debido a su asombroso parecido. Muller tratará de aprovechar la ocasión para esconderse, suplantando la personalidad del doctor. Para ello, deberá autoinflirgirse una herida que le deja una cicatriz idéntica a la del conocido psiquiatra.


CRITICA

La cicatriz es un noir tardío de los años cuarenta que condensa muchos de los elementos esenciales del género: el azar, la identidad como máscara, el destino ineludible y la atmósfera de engaño constante. La historia gira en torno a John Müller (Paul Henreid), un exconvicto que, tras fracasar en un robo, asume la identidad de un psiquiatra al que se parece físicamente, con la única diferencia de una cicatriz en el rostro. Este punto de partida ya sitúa a la película en un terreno fascinante: el doble, el disfraz, la imposibilidad de escapar de uno mismo.

Desde lo cinematográfico, la dirección de Steve Sekely no alcanza la sofisticación de un Fritz Lang o un Robert Siodmak, pero sabe construir un clima sombrío y fatalista. La fotografía de John Alton —uno de los grandes maestros del claroscuro en Hollywood— eleva la película por encima de su modesto presupuesto. Sus juegos de sombras, las diagonales marcadas y los contrastes extremos convierten cada encuadre en un pequeño tratado de expresionismo aplicado al noir. La cámara crea un universo visual donde la luz nunca es plena y los personajes parecen condenados a moverse en penumbras, atrapados por su propia condición.

El guion desarrolla con precisión esa sensación de destino inexorable. La trama del impostor que intenta reinventarse no se convierte en una historia de redención, sino en una espiral de ironías crueles: la cicatriz que debería delatarlo acaba siendo, paradójicamente, lo que asegura su disfraz; pero al mismo tiempo esa misma marca lo condena. La película insiste en que, aunque uno cambie de nombre, ropa o rostro, la culpa y la fatalidad terminan alcanzando a los personajes del noir.

En cuanto a las actuaciones, Paul Henreid se aparta de la imagen heroica y elegante que arrastraba de Casablanca para encarnar a un personaje mucho más ambiguo, incluso desagradable en su frialdad y oportunismo. Su interpretación transmite bien la dualidad entre el criminal que huye y el profesional respetable al que suplanta. Joan Bennett, por su parte, construye una figura femenina menos femme fatale que en sus colaboraciones con Fritz Lang, pero igualmente magnética. Aquí da vida a Evelyn Hahn, una secretaria inteligente y desencantada, atrapada en su propia rutina, que se convierte en cómplice involuntaria y luego en víctima de las circunstancias. Bennett imprime al personaje una mezcla de pragmatismo y vulnerabilidad que la aleja del estereotipo, ofreciendo una de sus interpretaciones más contenidas y maduras.

El desenlace, fiel al espíritu del género, es demoledor en su ironía: cuando parece que Müller ha conseguido vencer al destino, un azar mínimo lo devuelve a la condena. Es ese gesto final, esa revelación abrupta, lo que convierte a La cicatriz en una obra profundamente nihilista, una advertencia sobre la imposibilidad de escapar de la propia naturaleza y del azar que gobierna la vida en el cine negro.

En definitiva, La cicatriz puede no tener el prestigio de los grandes títulos del noir, pero se sostiene como una pieza sombría, elegante en su fotografía y contundente en su moraleja. Paul Henreid demuestra una faceta oscura inesperada y Joan Bennett aporta una humanidad discreta pero esencial, en un filme que condensa como pocos el principio rector del género: el destino siempre cobra su precio.


Calificación personal: 7


(NO HAY TRAILER DISPONIBLE)

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