Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

martes, 19 de agosto de 2025

Cómo entrenar a tu dragón (2025)

 


  • Título original: How to train your dragon
  • Año: 2025
  • Género: Aventuras
  • Dirección: Dean DeBlois
  • Intérpretes: Gerard Butler, Mason Thames, Nico Parker, Nick Frost, Gabriel Howell, Julian Dennison, Harry Trevaldwyn, Bronwyn James, Ruth Codd.
  • Guión: Dean DeBlois
  • Música: John Powell
  • Fotografía: Bill Pope
  • Productora: DreamWorks Animation, Marc Platt Productions.


SINOPSIS

En la escarpada Isla Mema, donde vikingos y dragones han mantenido una amarga enemistad durante generaciones, Hipo es un muchacho diferente a los demás. El ingenioso y subestimado hijo del jefe Estoico el Inmenso desafía siglos de tradición haciéndose amigo de Desdentao, un temido dragón Furia Nocturna.

CRITICA

El remake en imagen real de Cómo entrenar a tu dragón, dirigido nuevamente por Dean DeBlois, se presenta como un ejercicio de fidelidad extrema que busca trasladar a un nuevo lienzo, más tangible y naturalista, la magia que en 2010 conquistó al público en animación. Desde los primeros minutos queda claro que la intención no es reinventar la historia, sino embellecerla con recursos técnicos de última generación, escenarios naturales majestuosos y una puesta en escena que juega entre el realismo y la fábula. La fotografía de Bill Pope da cuerpo a un Berk vibrante, donde la aspereza de la tierra, la humedad de los acantilados y la rudeza del hierro conviven con el fulgor mágico de los dragones, criaturas diseñadas con un nivel de detalle que oscila entre lo monstruoso y lo adorable, manteniendo intacta la ternura expresiva de Desdentao.

El mayor desafío del filme era mantener vivo el corazón de la historia: la relación entre Hipo y el dragón. Y en este aspecto, la película logra emocionar con la misma intensidad que la original. Las escenas de vuelo son coreografías de aire y música, impulsadas por la banda sonora de John Powell, que vuelve a desplegar un tema central capaz de despertar la misma fascinación que hace quince años. Sin embargo, esa fidelidad absoluta al material de origen, plano por plano en ocasiones, genera una tensión difícil de ignorar: el espectador oscila entre la emoción de reencontrarse con lo ya conocido y la sensación de que nada nuevo se está explorando. Para algunos, esto convierte la película en un homenaje visualmente impecable; para otros, en un remake innecesario cuya fuerza radica más en la nostalgia que en la innovación.

En lo actoral, Mason Thames ofrece un Hipo menos caricaturesco, más torpe y humano, un joven vikingo que transmite fragilidad pero también un temple silencioso que lo hace creíble como héroe en formación. Gerard Butler, retomando ahora con cuerpo completo el papel de Stoick, impregna al personaje de una autoridad conmovedora, sin caer en la exageración, y su sola presencia da solidez a la figura paterna. Nico Parker, en cambio, aporta quizá la interpretación más fresca y sorprendente: su Astrid conserva la dureza guerrera pero le añade un registro emocional más amplio, logrando que cada mirada hacia Hipo contenga tanto recelo como complicidad. La interacción entre los tres sostiene la película en sus momentos más humanos, compensando la frialdad que a veces impone el despliegue digital.

El desenlace mantiene la contundencia emocional de la versión original, con esa mezcla de sacrificio, aprendizaje y reconciliación que convierte la aventura en una parábola sobre la aceptación y el vínculo entre mundos aparentemente irreconciliables. Y aunque el guion no arriesga en su estructura, el simple hecho de ver a personajes de carne y hueso enfrentarse a dragones reales —con texturas, sombras y una fisicidad convincente— dota a la historia de un nuevo peso dramático. La película triunfa como espectáculo visual, conmueve en su eje central y cumple con solvencia como traducción de un clásico animado. Pero también deja la sensación de que su grandeza se sostiene más en lo que evoca que en lo que propone: un recordatorio de lo que ya fue perfecto más que un viaje hacia territorios desconocidos.

En suma, Cómo entrenar a tu dragón es un triunfo técnico y una carta de amor a la obra original, capaz de emocionar y maravillar en pantalla grande, pero también un ejemplo de las limitaciones de los remakes contemporáneos: reproduce con devoción, sin reinventar. Lo que pierde en sorpresa lo compensa con belleza visual y honestidad, y aunque nunca llega a eclipsar a la versión animada, se erige como un digno eco en carne y hueso de un relato que, con dragones o sin ellos, sigue hablando del miedo, el descubrimiento y la posibilidad de volar más allá de lo conocido.


Calificación personal: 8.5

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