Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

sábado, 23 de agosto de 2025

Materialistas (2025)

 


  • Título original: Materialists
  • Año: 2025
  • Género: Romántica
  • Dirección: Celine Song
  • Intérpretes: Dakota Johnson, Chris Evans, Pedro Pascal, Marin Ireland, Zöe Winters, Louisa Jacobson, Dasha Nekrasova.
  • Guión: Celine Song
  • Música: Daniel Pemberton
  • Fotografía: Shabier Kirchner
  • Montaje: Keith Fraase
  • Productora: A24 Films, 2AM Films, Killer Films, IPR.VC


SINOPSIS

Lucy  (Dakota Johnson) es una joven casamentera de Nueva York que se encarga de unir solteros para encontrar la pareja perfecta. Sin embargo, su mundo se desestabiliza al encontrarse atrapada en un triángulo amoroso con Harry (Pedro Pascal), un apuesto financiero multimillonario, y su exnovio John (Chris Evans), un actor de poco éxito.


CRITICA

Desde hacía bastante tiempo que no veía una película romántica que me atrapase tanto y que a la vez, tocase temas que me hiciesen pensar tanto y de una forma tan profunda. No consiste en dejar mal a los hombres o a las mujeres, sino un alegato a lo que muchos hombres y muchas mujeres en el ámbito de las relaciones amorosas y como muchas veces nos queremos conformar con una relación que realmente no nos merece.

El personaje de Lucy (interpretada por Dakota Johnson, la cual va mejorando bastante en sus dotes interpretativas) es una matchmaker que se encarga de planificar citas pero, se ha creado una coraza que, aunque no la quiera mostrar, hay algo en su interior que realmente desea y que no sea en base a unos requisitos: enamorarse de un hombre y no estar con el simplemente por compromiso. A pesar de dedicarse a ello le hace ver que los candidatos no son solo de forma materialista, sino que a veces hay que tomar riesgos y que los requisitos de la apariencia no fundamentan la base de un noviazgo o de un matrimonio y que al no ser sencillo, no hay que rendirse a la primera de cambio.

Dentro del trabajo que realiza Lucy se ve también la realidad a la que están sometidos muchos jóvenes adultos (especialmente las mujeres) de no verse abocados a una soledad "forzada" en el caso de las mujeres pero, en el caso de los hombres buscan una estabilidad en mujeres mucho más jóvenes que ellas para reforzar su masculinidad. Es decir, estar cómodos en su posición y no tener que comprometerse de una forma más profunda y completa. Este es el caso del personaje de Harry (interpretado por Pedro Pascal) que tiene ese miedo a no saber si podrá amar alguna vez y prefiere quedarse en la superficialidad de la comodidad para reforzar su seguridad.

El tercer vértice de esta historia está en el personaje de John (interpretado por Chris Evans, el cual intenta salir de personaje de Marvel El capitán América) que ha observado como su vida sigue igual, su amor se le escapó pero, fue sobre todo porque no aguantó el ser el hombre que no puede aparentar lo que no es o fingir lo que no tiene porque prefiere el esfuerzo y el tesón de la lucha y la "pobreza" que ser rico y vacío.

Esto se contrapone con Lucy, a la cual se la ve materialista ya que observa que si una mujer no es exitosa, con unos principios de la apariencia es lograr la meta a la que se debe aspirar. Pero realmente, todo ese éxito, todo el dinero que se amasa, toda esa fama por aparentar, todas esas poses fingidas, nunca llegan a llenar ese vacío que anhela: el amor. No ese amor romántico donde todo son palabras bonitas. No va enfocado a ese ángulo, si no más bien a que la presencia de esa persona sea más valiosa que la soledad y que esa persona lo sepa apreciar y respetar. No por el exterior sino por el interior.

En conclusión, puedo decir (desde mi humilde opinión) que hoy en día buscamos la inmediatez, el placer de lo momentáneo pero no el compromiso; ya que nos aterra a que alguien nos quite ese espacio, ese momento personal o incluso sea la barrera de poder amar alguien ya que, después de múltiples fracasos provoca que mostremos el lado que no es de verdad porque aceptamos el amor que creemos merecer. Por eso, merecemos lo que realmente anhelamos para vivirlo en plenitud.


Calificación personal: 9



El destino también juega (1966)

 


  • Título original: A big hand for the little lady
  • Año: 1966
  • Género: Western
  • Dirección: Fielder Cook
  • Intérpretes: Henry Fonda, Joanne Woodward, Jason Robards, Charles Bickford, Burgess Meredith, Paul Ford, Kevin McCarthy.
  • Guión: Sidney Carroll
  • Música: David Raskin
  • Fotografía: Lee Garmes
  • Productora: Warner Bros Pictures


SINOPSIS

Meredith (Henry Fonda), Mary (Joanne Woodward) y su hijo hacen un alto en su viaje y se quedan en un hotel de Laredo. Jugadores de todas partes, incluyendo al multimillonario Henry Drummond (Jason Robards, Jr.), se reúnen allí para participar en la partida de póker más importante del Oeste. A pesar de las recomendaciones de su esposa, Meredith cae en la tentación del juego y pierde todos los ahorros familiares.


CRITICA

El destino también juega, dirigida por Fielder Cook y protagonizada por Henry Fonda, es un western muy poco convencional, casi diríamos un “antiewestern”, porque rehúye de los grandes escenarios, los caballos o los duelos a pistola para encerrarse en un salón polvoriento y centrar toda su tensión en una mesa de póker. El argumento parte de una premisa sencilla: una familia que viaja por Texas hace un alto en el camino y el padre, Meredith (Fonda), con un pasado de jugador compulsivo, no puede resistirse a unirse a la partida más legendaria de la región. La anécdota, que podría quedar en un mero incidente de guion, se convierte en un microcosmos del Oeste, un espejo donde se reflejan la avaricia, la debilidad humana y los juegos de poder.

Lo que da verdadero peso a la película no es la acción en sí, sino la tensión psicológica. El guion es inteligente, irónico, y sabe dosificar el suspense a través de silencios, miradas y frases punzantes. Cada gesto alrededor de la mesa, cada carta lanzada con brusquedad, cada pausa calculada añade una capa de dramatismo que sustituye con eficacia a cualquier tiroteo. Se percibe, sin embargo, que la puesta en escena procede de un director que venía de la televisión: la planificación es sobria, sin grandes alardes visuales, y en cierto modo limita el vuelo cinematográfico. Pero esa misma contención encierra a los personajes en un espacio cerrado y cargado, lo que potencia la sensación de asfixia y convierte la mesa de juego en un auténtico campo de batalla.

Las interpretaciones sostienen la película con una solidez envidiable. Henry Fonda, maestro del gesto mínimo, encarna a un Meredith patético y vulnerable, un hombre devorado por la ludopatía cuya dignidad se derrumba con cada apuesta. Joanne Woodward, en el papel de Mary, es quien termina asumiendo el protagonismo real: de esposa moralista y severa pasa a improvisada jugadora capaz de sostener la última mano, y lo hace sin heroicidades, sino con astucia y un ingenio forzado por la desesperación. Jason Robards, con su Henry Drummond, aporta la figura del villano altivo, cruel y mordaz, cuya sola presencia refuerza la dimensión psicológica del duelo. Y alrededor de ellos, los secundarios —Charles Bickford, Burgess Meredith, Kevin McCarthy, Paul Ford— pintan un retrato coral de la codicia, la fanfarronería y la arrogancia de quienes dominan ese mundo de apuestas y poder.

Más allá de su trama inmediata, la película aborda cuestiones de fondo: la adicción al juego como metáfora de una pulsión destructiva, la sorprendente irrupción de una mujer en un espacio masculino como símbolo de ruptura de roles, y la hipocresía de una sociedad en la que los grandes terratenientes y banqueros se juegan fortunas como si fueran simples fichas, ajenos a las consecuencias reales. En este sentido, lo que aparenta ser una comedia ligera con tintes dramáticos termina convirtiéndose en una crítica social disfrazada de western.

Si bien algunos críticos le reprocharon falta de nervio en la dirección y cierto aire artificioso, lo cierto es que El destino también juega ha envejecido con encanto. Se la recuerda como una “pequeña joya” de su tiempo: modesta en forma, pero astuta en fondo. Su fuerza no radica en la espectacularidad, sino en la inteligencia de su guion y en el magnetismo de sus intérpretes. No es una obra maestra del género, pero sí una película diferente, ingeniosa y sorprendentemente tensa, que demuestra que en el Oeste también se podía construir emoción a partir de cartas, silencios y sonrisas envenenadas, sin necesidad de disparar una sola bala.


Calificación personal: 6

martes, 19 de agosto de 2025

Cómo entrenar a tu dragón (2025)

 


  • Título original: How to train your dragon
  • Año: 2025
  • Género: Aventuras
  • Dirección: Dean DeBlois
  • Intérpretes: Gerard Butler, Mason Thames, Nico Parker, Nick Frost, Gabriel Howell, Julian Dennison, Harry Trevaldwyn, Bronwyn James, Ruth Codd.
  • Guión: Dean DeBlois
  • Música: John Powell
  • Fotografía: Bill Pope
  • Productora: DreamWorks Animation, Marc Platt Productions.


SINOPSIS

En la escarpada Isla Mema, donde vikingos y dragones han mantenido una amarga enemistad durante generaciones, Hipo es un muchacho diferente a los demás. El ingenioso y subestimado hijo del jefe Estoico el Inmenso desafía siglos de tradición haciéndose amigo de Desdentao, un temido dragón Furia Nocturna.

CRITICA

El remake en imagen real de Cómo entrenar a tu dragón, dirigido nuevamente por Dean DeBlois, se presenta como un ejercicio de fidelidad extrema que busca trasladar a un nuevo lienzo, más tangible y naturalista, la magia que en 2010 conquistó al público en animación. Desde los primeros minutos queda claro que la intención no es reinventar la historia, sino embellecerla con recursos técnicos de última generación, escenarios naturales majestuosos y una puesta en escena que juega entre el realismo y la fábula. La fotografía de Bill Pope da cuerpo a un Berk vibrante, donde la aspereza de la tierra, la humedad de los acantilados y la rudeza del hierro conviven con el fulgor mágico de los dragones, criaturas diseñadas con un nivel de detalle que oscila entre lo monstruoso y lo adorable, manteniendo intacta la ternura expresiva de Desdentao.

El mayor desafío del filme era mantener vivo el corazón de la historia: la relación entre Hipo y el dragón. Y en este aspecto, la película logra emocionar con la misma intensidad que la original. Las escenas de vuelo son coreografías de aire y música, impulsadas por la banda sonora de John Powell, que vuelve a desplegar un tema central capaz de despertar la misma fascinación que hace quince años. Sin embargo, esa fidelidad absoluta al material de origen, plano por plano en ocasiones, genera una tensión difícil de ignorar: el espectador oscila entre la emoción de reencontrarse con lo ya conocido y la sensación de que nada nuevo se está explorando. Para algunos, esto convierte la película en un homenaje visualmente impecable; para otros, en un remake innecesario cuya fuerza radica más en la nostalgia que en la innovación.

En lo actoral, Mason Thames ofrece un Hipo menos caricaturesco, más torpe y humano, un joven vikingo que transmite fragilidad pero también un temple silencioso que lo hace creíble como héroe en formación. Gerard Butler, retomando ahora con cuerpo completo el papel de Stoick, impregna al personaje de una autoridad conmovedora, sin caer en la exageración, y su sola presencia da solidez a la figura paterna. Nico Parker, en cambio, aporta quizá la interpretación más fresca y sorprendente: su Astrid conserva la dureza guerrera pero le añade un registro emocional más amplio, logrando que cada mirada hacia Hipo contenga tanto recelo como complicidad. La interacción entre los tres sostiene la película en sus momentos más humanos, compensando la frialdad que a veces impone el despliegue digital.

El desenlace mantiene la contundencia emocional de la versión original, con esa mezcla de sacrificio, aprendizaje y reconciliación que convierte la aventura en una parábola sobre la aceptación y el vínculo entre mundos aparentemente irreconciliables. Y aunque el guion no arriesga en su estructura, el simple hecho de ver a personajes de carne y hueso enfrentarse a dragones reales —con texturas, sombras y una fisicidad convincente— dota a la historia de un nuevo peso dramático. La película triunfa como espectáculo visual, conmueve en su eje central y cumple con solvencia como traducción de un clásico animado. Pero también deja la sensación de que su grandeza se sostiene más en lo que evoca que en lo que propone: un recordatorio de lo que ya fue perfecto más que un viaje hacia territorios desconocidos.

En suma, Cómo entrenar a tu dragón es un triunfo técnico y una carta de amor a la obra original, capaz de emocionar y maravillar en pantalla grande, pero también un ejemplo de las limitaciones de los remakes contemporáneos: reproduce con devoción, sin reinventar. Lo que pierde en sorpresa lo compensa con belleza visual y honestidad, y aunque nunca llega a eclipsar a la versión animada, se erige como un digno eco en carne y hueso de un relato que, con dragones o sin ellos, sigue hablando del miedo, el descubrimiento y la posibilidad de volar más allá de lo conocido.


Calificación personal: 8.5

La cicatriz (1948)

 


  • Título original: Hollow Triumph
  • Año: 1948
  • Género: Thriller
  • Dirección: Steve Sekely
  • Intérpretes: Paul Henried, Joan Bennett, Eduard Franz, Leslie Brooks, John Qualen, Mabel Paige, Herbert Rudley, Charles Arnt.
  • Guión: Daniel Fuchs
  • Música: Sol Kaplan
  • Fotografía: John Alton
  • Productora: Eagle-Lion Films, Bryan Foy.


SINOPSIS

Tras salir de la cárcel, John Muller (Paul Henreid), un astuto criminal con estudios en medicina y psiquiatría, sueña con el día en que logre dar "el gran golpe". Mientras tanto se ve obligado a desempeñar un aburrido trabajo de oficina. Un día, Muller decide llevar a cabo su sueño, robando en un conocido club de juego, propiedad del mafioso Rocky Stansyck. Tras el golpe y durante su huida, Muller será confundido con el Dr. Bartok, prestigioso psquiatra, debido a su asombroso parecido. Muller tratará de aprovechar la ocasión para esconderse, suplantando la personalidad del doctor. Para ello, deberá autoinflirgirse una herida que le deja una cicatriz idéntica a la del conocido psiquiatra.


CRITICA

La cicatriz es un noir tardío de los años cuarenta que condensa muchos de los elementos esenciales del género: el azar, la identidad como máscara, el destino ineludible y la atmósfera de engaño constante. La historia gira en torno a John Müller (Paul Henreid), un exconvicto que, tras fracasar en un robo, asume la identidad de un psiquiatra al que se parece físicamente, con la única diferencia de una cicatriz en el rostro. Este punto de partida ya sitúa a la película en un terreno fascinante: el doble, el disfraz, la imposibilidad de escapar de uno mismo.

Desde lo cinematográfico, la dirección de Steve Sekely no alcanza la sofisticación de un Fritz Lang o un Robert Siodmak, pero sabe construir un clima sombrío y fatalista. La fotografía de John Alton —uno de los grandes maestros del claroscuro en Hollywood— eleva la película por encima de su modesto presupuesto. Sus juegos de sombras, las diagonales marcadas y los contrastes extremos convierten cada encuadre en un pequeño tratado de expresionismo aplicado al noir. La cámara crea un universo visual donde la luz nunca es plena y los personajes parecen condenados a moverse en penumbras, atrapados por su propia condición.

El guion desarrolla con precisión esa sensación de destino inexorable. La trama del impostor que intenta reinventarse no se convierte en una historia de redención, sino en una espiral de ironías crueles: la cicatriz que debería delatarlo acaba siendo, paradójicamente, lo que asegura su disfraz; pero al mismo tiempo esa misma marca lo condena. La película insiste en que, aunque uno cambie de nombre, ropa o rostro, la culpa y la fatalidad terminan alcanzando a los personajes del noir.

En cuanto a las actuaciones, Paul Henreid se aparta de la imagen heroica y elegante que arrastraba de Casablanca para encarnar a un personaje mucho más ambiguo, incluso desagradable en su frialdad y oportunismo. Su interpretación transmite bien la dualidad entre el criminal que huye y el profesional respetable al que suplanta. Joan Bennett, por su parte, construye una figura femenina menos femme fatale que en sus colaboraciones con Fritz Lang, pero igualmente magnética. Aquí da vida a Evelyn Hahn, una secretaria inteligente y desencantada, atrapada en su propia rutina, que se convierte en cómplice involuntaria y luego en víctima de las circunstancias. Bennett imprime al personaje una mezcla de pragmatismo y vulnerabilidad que la aleja del estereotipo, ofreciendo una de sus interpretaciones más contenidas y maduras.

El desenlace, fiel al espíritu del género, es demoledor en su ironía: cuando parece que Müller ha conseguido vencer al destino, un azar mínimo lo devuelve a la condena. Es ese gesto final, esa revelación abrupta, lo que convierte a La cicatriz en una obra profundamente nihilista, una advertencia sobre la imposibilidad de escapar de la propia naturaleza y del azar que gobierna la vida en el cine negro.

En definitiva, La cicatriz puede no tener el prestigio de los grandes títulos del noir, pero se sostiene como una pieza sombría, elegante en su fotografía y contundente en su moraleja. Paul Henreid demuestra una faceta oscura inesperada y Joan Bennett aporta una humanidad discreta pero esencial, en un filme que condensa como pocos el principio rector del género: el destino siempre cobra su precio.


Calificación personal: 7


(NO HAY TRAILER DISPONIBLE)

Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos (2025)

 


  • Título original: The fantastic four: first steps
  • Año: 2025
  • Género: Acción, aventuras
  • Dirección: Matt Shakman
  • Intérpretes: Pedro Pascal, Vanessa Kirby, Joseph Quinn, Ebon Moss-Bachrach, Julia Garner, Ralph Ineson, Sarah Niles, Natasha Lyonne, Mark Gatiss.
  • Guión: Jeff Kaplan, Ian Springer, Josh Friedman, Cameron Squires, Eric Pearson, Peter Cameron.
  • Música: Michael Giacchino
  • Fotografía: Jess Hall
  • Productora: Marvel Studios, Walt Disney Company


SINOPSIS

Ambientada en el vibrante telón de fondo de un mundo retro-futurista inspirado en los años 60, presenta a la Primera Familia de Marvel mientras se enfrentan a su desafío más terrorífico hasta la fecha. Obligados a equilibrar sus roles como héroes con la fortaleza de su vínculo familiar, deben defender la Tierra de un dios espacial voraz llamado Galactus y su enigmático Heraldo, Silver Surfer. Y si el plan de Galactus de devorar todo el planeta y a todos en él no fuera lo suficientemente malo, de repente se vuelve muy personal.


CRITICA

Los 4 Fantásticos: Primeros pasos llega como un soplo de aire fresco dentro del cine de superhéroes. A diferencia de intentos anteriores, esta versión de Matt Shakman no se obsesiona con recontar una y otra vez el origen del grupo, sino que los presenta ya establecidos, en una narrativa ambientada en los años sesenta que funciona tanto como homenaje retro como propuesta visualmente distintiva. Esta ambientación no es un simple adorno: impregna cada plano de una calidez nostálgica, con un diseño de producción cuidado hasta el detalle, que aporta identidad a un género demasiado acostumbrado a lo genérico.

Cinematográficamente, la película destaca por su claridad narrativa. No se pierde en ramificaciones innecesarias, sino que concentra su atención en la dinámica familiar del cuarteto y en el dilema emocional que surge ante la llegada de un hijo. Ese enfoque doméstico contrasta con la amenaza cósmica de Galactus, y aunque la combinación a veces genera desequilibrios —el clímax, pese a su despliegue visual, resulta menos contundente de lo que se anticipa—, la apuesta por el componente humano consigue sostener el relato. En lugar de buscar grandilocuencia constante, la película encuentra fuerza en lo íntimo, y eso la hace destacar en un universo cinematográfico saturado de épicas interminables.

Las actuaciones son, sin duda, el alma de la obra. Pedro Pascal aporta a Reed Richards una mezcla de vulnerabilidad y rigidez intelectual que humaniza al personaje, evitando que se convierta en un cliché de “genio distante”. Vanessa Kirby se adueña de la película con una Sue Storm luminosa y firme, que logra ser el verdadero centro emocional del equipo; cada una de sus escenas irradia humanidad y decisión, haciendo justicia a un personaje tantas veces relegado. Joseph Quinn ofrece un Johnny Storm más juguetón que arrogante, aportando chispa sin necesidad de caer en lo histriónico, mientras que Ebon Moss-Bachrach sorprende al dar profundidad emocional a Ben Grimm incluso tras la pesada digitalización de “La Cosa”, transmitiendo ternura y amargura en partes iguales.

El apartado técnico acompaña con solvencia: los efectos especiales, aunque presentes, no engullen la película y se ponen al servicio de la historia; la fotografía evita la frialdad digital y apuesta por texturas que evocan a la ciencia ficción clásica; la música refuerza la vibra nostálgica sin caer en lo repetitivo. No obstante, el villano queda algo desdibujado: Galactus, pese a su imponente presencia, se reduce a un antagonista de motivación simplista, y Silver Surfer, interpretada con carisma, se convierte en una figura más de transición que en un personaje con verdadera profundidad.

En conjunto, Primeros pasos no es perfecta: tiene altibajos de ritmo y un clímax que podría haber sido más redondo. Pero su mayor virtud está en haber encontrado un ángulo fresco, humano y emocional para una franquicia que durante años parecía maldita en el cine. Al combinar espectáculo cósmico con drama íntimo, y gracias a un elenco en estado de gracia, esta película logra algo que antes parecía imposible: devolver a los 4 Fantásticos la dignidad cinematográfica que merecían.


Calificación personal: 7


Secretos de un escándalo (2023)

 


  • Título original: May December
  • Año: 2023
  • Género: Drama
  • Dirección: Todd Haynes
  • Intérpretes: Natalia Portman, Julianne Moore, Charles Melton, Cory Michael Smith, Elizabeth Yu, Gabriel Chung, Piper Cruda, D.W. Moffet, Lawrence Arancio.
  • Guión: Samy Burch, Alex Mechanik
  • Fotografía: Christopher Bauvelt
  • Música: Marcelo Zarvos
  • Montaje: Affonso Gonçalves
  • Productora: Gloria Sanchez Productions, Killer Films, Mountain A.


SINOPSIS


Veinte años después de que el mediático romance entre Gracie Atherton-Yu (Julianne Moore) y su joven marido Joe (Charles Melton) escandalizara al país, con sus hijos a punto de graduarse en el instituto, se va a rodar una película sobre su historia. La actriz Elizabeth Berry (Natalie Portman) pasará un tiempo con la familia para intentar entender mejor a Gracie, a la que va a interpretar, provocando que la dinámica familiar se tambalee.



CRITICA

Desde el arranque, la película nos atrapa con una atmósfera inquietante, donde una actriz (Portman) se adentra en lo más íntimo de la vida de una mujer acusada de un escándalo debido a una relación con un menor (interpretada por Moore). La narración acompaña ese contraste entre la profesionalidad cuidadosamente ensayada de Elizabeth (Portman) y la humanidad privada y ambigua de Gracie (Moore).

El guión de Secretos de un escándalo juega con reversos incómodos: mientras Portman investiga para interpretar el papel, se enfrenta a límites éticos y emocionales que tensionan su propia identidad. Si bien algunos críticos cuestionan la contención narrativa y la pretensión formal —“la forma de contarla… hace insignificante e inútilmente pretenciosa” —, otros elogian su osadía al no ofrecer explicaciones fáciles, desplegando un humor oscuro y satírico que incomoda y se sostiene hasta el final .

Visualmente, Todd Haynes imprime un sello estilizado y deliberado, con momentos donde los personajes se dirigen abiertamente al espectador. Es un recurso chocante, incluso pretencioso, pero que enfatiza la teatralidad de la historia y la distorsión de la verdad percibida. Los encuadres y la paleta de tonos crean una mezcla de naturalismo tenso y artificio sutil, sustentando esa atmósfera sugestiva y opresiva que domina la trama.

Las interpretaciones son el corazón de la película. Moore encarna a Gracie con una complejidad que transita entre lo adorable y lo perturbador: una mujer marcada por un pasado tabú y que despliega una falsa serenidad emocional. Portman, por su parte, ofrece una actuación enigmática, soterrada, donde la actriz Elizabeth se desdibuja ante la realidad de la mujer a estudiar, abriendo grietas en su aparente control. El choque de ambas funciona como campo magnético emocional: se complementan y distorsionan mutuamente, mostrando dos formas de interpretar el dolor y la verdad.

El pulso dramático también se conjuga con una banda sonora medida y un montaje que alterna reflexión y sutileza lapsos donde la ambigüedad gana peso. No hay giros morales fáciles ni finales de cierre emocional convencional; en su lugar, un tono deliberado que deja mucho sin decir, pero cuyo silencio pesa .

En conjunto, Secretos de un escándalo es un ejercicio cinematográfico provocador: se atreve a mostrarse incómodo, a romper la cuarta pared y a abrir caminos de reflexión sobre la ética, la representación y el poder de la imagen. No es una película para todos los gustos —su apuesta esteticista y emocional puede resultar fría o pretenciosa—, pero quienes busquen un cine desafiante, con actuaciones soberbias y una mirada crítica sobre la relación entre actor y personaje, hallarán aquí material fascinante y duradero.


Calificación personal: 6