Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

sábado, 21 de junio de 2025

Deadpool y Lobezno (2024)

 


  • Título original: Deadpool & Wolverine
  • Año: 2024
  • Género: Acción
  • Dirección: Shawn Levy
  • Intérpretes: Ryan Reynolds, Hugh Jackman, Emma Corrin, Matthew Macfayden, Rob Delaney, Aaron Stanford, Morena Baccarin, Jennifer Garner, Channing Tatum, Wesley Snipes, Dafne Keen, Chris Evans.
  • Guión: Ryan Reynolds, Rhett Reese, Paul Wernick, Shawn Levy.
  • Música: Rob Simonsen
  • Fotografía: George Richmond
  • Montaje: Shen Reid, Dean Zimmerman
  • Vestuario: Mayes C. Rubeo
  • Productora: Marvel Studios, Maximun Effort, 21 Laps Entertainment.

SINOPSIS

Wade Wilson (Ryan Reynolds), alias Deadpool, intenta rehacer su vida lejos del caos, pero una amenaza multiversal lo obliga a volver a la acción. Recluta a un Lobezno (Hugh Jackman) de otra realidad, más salvaje y roto, para detener a Cassandra Nova (Emma Corrin), una villana que amenaza con destruir todas las versiones de los mutantes. Juntos, atraviesan realidades, enfrentan sus pasados y se descubren a sí mismos en el proceso


CRITICA

Deadpool y Lobezno no es simplemente una nueva entrega del universo Marvel ni una secuela de Deadpool ni una resurrección oportunista de Lobezno. Es, en su núcleo más puro, un testamento fílmico al cansancio de los héroes, una crítica metanarrativa al colapso del multiverso como excusa creativa, y al mismo tiempo, un estallido de cariño brutal por dos personajes que se han ganado el corazón del público a base de cicatrices —y chistes sucios.

La historia comienza con un Wade Wilson semi-retirado, derrotado emocionalmente, atrapado entre la vida que quiere dejar y la que nunca podrá abandonar. Al mismo tiempo, una versión de Logan de otro universo, más salvaje y desencantado, es arrastrada a este viaje sin haber pedido participar. El guión los une no con razones particularmente novedosas, sino con un propósito más grande: jugar con las reglas del multiverso mientras las ridiculiza, y permitir a estos dos íconos un cierre más allá del canon. La amenaza principal, Cassandra Nova, representa no tanto un peligro concreto, sino una excusa estructural para que los protagonistas se muevan a través de realidades, viéndose a sí mismos multiplicados, desgastados, y fragmentados.

La química entre Ryan Reynolds y Hugh Jackman es el verdadero núcleo gravitacional del filme. El primero sigue siendo la encarnación perfecta del caos y la irreverencia, pero bajo la superficie se advierte un Wade más maduro, más dolido, que arrastra la ironía como quien arrastra una armadura oxidada. Jackman, por su parte, aporta una versión de Logan que no es la del crepúsculo emocional de Logan (2017), pero sí una que lleva esa tristeza como sombra. Su mirada lo dice todo: sabe que ha muerto, que ha renacido en otra línea temporal, y que ninguna de esas versiones podrá jamás redimirse del todo. Juntos, son una combinación de tormenta y relámpago: una tragicomedia mutante donde el dolor y la burla se entrelazan hasta el último fotograma.

Visualmente, la película no decepciona. Las secuencias de acción son crudas, estilizadas, sangrientas y exageradas, pero nunca sin propósito. Cada golpe, cada herida, cada regeneración sirve para mostrar cómo estos personajes ya no solo luchan contra enemigos, sino contra la narrativa que los repite hasta desgastarlos. La violencia es un lenguaje más, y en Deadpool y Lobezno, ese lenguaje grita.

El humor, como era de esperarse, es brutal, excesivo y, a ratos, incluso autodestructivo. La película se ríe de Disney, de Fox, del MCU, de sus propios actores, y del espectador. Hay cameos imposibles, referencias al cine mutante del pasado, bromas sexuales, comentarios políticos, burlas a las franquicias, y todo ello encajado en una historia que, por momentos, parece a punto de colapsar por su propio peso. Sin embargo, esa inestabilidad no se siente como un error, sino como una elección consciente: la película quiere estar al borde del desastre, porque allí es donde estos personajes habitan naturalmente.

Y aun así, en medio de toda esta anarquía, hay emoción genuina. Hay una conversación íntima en una cabaña, una mirada compartida entre dos hombres agotados de vivir, y un último acto donde, por primera vez, la película deja de hacer chistes... y solo deja hablar al silencio. Ese momento, mínimo pero devastador, da sentido a todo lo anterior.

Deadpool y Lobezno no será para todos. Quienes busquen estructura clásica, villanos complejos o una línea argumental sin baches probablemente saldrán confundidos. Pero quienes entiendan el viaje emocional, quienes vean más allá del meta-humor y las entrañas desparramadas, encontrarán en ella una obra de cierre: desordenada, sí; excesiva, también; pero auténtica. Porque detrás de la comedia absurda, hay un luto por un tipo de cine que ya no existe, y un abrazo sincero entre dos personajes que, por fin, se reconocen. Es una película que se ríe del final... mientras te aprieta la garganta.


Calificación personal: 8.5

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