Al mal tiempo, buen cine...

Queridos lectores y seguidores:

Me permito escribir una líneas para agradeceros a todos (desde todas las partes del mundo) que visitéis mi blog y todo lo que voy publicando. Ante todo comentar que no estoy licenciada en cinematografía pero, doy gracias por haber asistido a cursos y que mis padres me introdujeran al cine con sólo 8 años.

Por eso os animo que escribáis vuestras opiniones sin vergüenza alguna (¡por eso existe la libertad de expresión!) o sugerir cambios o visionados de películas, ya que se convierte en un feedback donde podemos aprender unos de otros.

Para finalizar, gracias una vez más por vuestro tiempo y dedicárselo a mi blog. ¡Seguid disfrutando del cine!

domingo, 22 de febrero de 2026

Avatar: Fuego y Cenizas (2025)

 


  • Título original: Avatar: Fire and Ash
  • Año: 2025
  • Género: Ciencia Ficción
  • Dirección: James Cameron
  • Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Kate Winslet, Oona Chaplin, Stepehn Lang, Cliff Curtis, Jack Champion, Joel David Moore, Edie Falco, Bailey Bass.
  • Guión: James Cameron, Rick Jaffa, Amanda Silver
  • Música: Simon Franglen
  • Fotografía: Russell Carpenter
  • Montaje: James Cameron, Stephen Rivkin, David Brenner, John Refoua
  • Productora: 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment


SINOPSIS

La película mantiene el foco en la familia de Jake y en los conflictos que ponen a prueba su unión. Aunque la trama sigue un camino bastante reconocible, logra mantener el interés gracias a la carga emocional. Los personajes, especialmente Neytiri, muestran un lado más vulnerable y fuerte al mismo tiempo. Es una entrega espectacular y emotiva, que apuesta más por el sentimiento que por las sorpresas.

CRITICA

Avatar: Fuego y cenizas continúa la expansión del universo de Pandora desplazando el eje simbólico del agua hacia el fuego, tanto en lo visual como en lo emocional. La introducción de un nuevo clan Na’vi vinculado a entornos volcánicos amplía el mapa cultural del mundo creado por James Cameron y, al mismo tiempo, complica la mirada idealizada que las primeras entregas ofrecían sobre los pueblos originarios. El guion mantiene la estructura épica característica de la saga —conflicto entre colonización humana y resistencia Na’vi atravesado por el drama familiar de los Sully—, pero intenta introducir una mayor ambigüedad moral al mostrar fracturas internas dentro del propio universo indígena.

Narrativamente, la película vuelve a apoyarse en una progresión clara y emocionalmente directa. El motor dramático sigue siendo la familia: Jake Sully ya no es solo el héroe rebelde, sino un líder marcado por la pérdida y por el peso constante de la responsabilidad. Su arco gira en torno al miedo a fallar como protector, mientras que Neytiri adquiere una dimensión más oscura, atravesada por el duelo y por una relación cada vez más compleja con la violencia. Los hijos, como en la entrega anterior, funcionan como espejo generacional, mostrando distintas maneras de afrontar el trauma y la guerra. La posible presencia de un clan más radical o endurecido por el sufrimiento introduce personajes que cuestionan la idea de una resistencia moralmente homogénea, aportando tensiones internas que enriquecen el conflicto.

No obstante, aunque la ampliación temática aporta matices, la estructura general puede resultar familiar: amenaza externa, dispersión, reagrupamiento y reafirmación de la identidad colectiva. El guion apuesta más por la intensidad emocional y la expansión del mundo que por giros narrativos inesperados. En conjunto, Avatar: Fuego y cenizas parece consolidar la saga como una epopeya sobre familia, identidad y supervivencia en un entorno hostil, buscando mayor complejidad en sus personajes sin abandonar el modelo épico que ha definido la franquicia desde sus inicios.


Calificación personal: 7

A Real Pain (2024)

 


  • Dirección: Jesse Eisenberg
  • Año: 2024
  • Género: Drama
  • Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kieran Culkin, Will Sharpe, Jennifer Grey, Liza Sadovy, Kurt Egyiawan, Daniel Oreskes, Ellora Torchia.
  • Guión: Jesse Eisenberg
  • Fotografía: Micha Dymek
  • Productora: Topic Studios


SINOPSIS

Dos primos viajan a Polonia para honrar la memoria de su abuela fallecida. El recorrido por los lugares vinculados a su historia familiar reabre viejas heridas y tensiones entre ambos. Sus personalidades opuestas —una más contenida y otra impulsiva— chocan constantemente durante el viaje. Entre momentos de humor incómodo y confrontaciones emocionales, afloran reproches y vulnerabilidades. Lo que comienza como un homenaje se convierte en una exploración íntima del duelo y de los lazos familiares.

CRITICA

La película A Real Pain, escrita, dirigida y protagonizada por Jesse Eisenberg, es un drama íntimo que explora el peso de la memoria, la herencia familiar y las contradicciones emocionales a través del reencuentro de dos primos que viajan a Polonia para honrar a su abuela fallecida. Lo que podría haber sido un simple “road movie” sentimental se convierte en un estudio incómodo sobre el duelo, la culpa y la dificultad de conectar incluso con quienes comparten nuestra historia.

Desde el punto de vista del guion, la película se sostiene en una estructura sencilla pero eficaz: el viaje físico funciona como catalizador del viaje emocional. No hay grandes giros argumentales ni revelaciones melodramáticas; el conflicto es interno y relacional. Eisenberg construye el relato a partir de diálogos aparentemente cotidianos que esconden tensiones profundas. El tono oscila con habilidad entre la comedia incómoda y el drama contenido, evitando caer en la solemnidad pese al trasfondo histórico vinculado al Holocausto. El guion destaca por su naturalismo: las conversaciones se sienten orgánicas, a veces torpes, llenas de silencios y reproches indirectos, lo que aporta verosimilitud. Sin embargo, esa misma contención puede hacer que algunos momentos parezcan narrativamente estáticos o poco concluyentes para quienes esperan una resolución más clara.

En cuanto a los personajes, la película se articula en torno al contraste entre los dos primos. El personaje interpretado por Eisenberg encarna la ansiedad contenida, la rigidez emocional y la necesidad de control; es alguien que procesa el dolor de forma intelectualizada. En cambio, el personaje de Kieran Culkin es impulsivo, carismático y emocionalmente transparente, pero también inestable y profundamente herido. Este contraste genera la tensión dramática principal: no se trata solo de diferencias de personalidad, sino de maneras opuestas de habitar el trauma y la memoria familiar. Lo más interesante es que ninguno queda reducido a caricatura; ambos resultan contradictorios, a ratos irritantes y a ratos profundamente vulnerables.

El viaje por los lugares vinculados al pasado familiar no se convierte en un discurso histórico explícito, sino en un espejo que amplifica las fracturas personales. La película sugiere que el dolor heredado no siempre se manifiesta de forma solemne; a veces aparece en forma de incomodidad, resentimiento o incapacidad para comunicarse. En este sentido, el guion evita moralizar y se limita a observar cómo dos personas intentan, sin demasiado éxito, entenderse.

En conjunto, A Real Pain es una obra sobria, dialogada y emocionalmente honesta. Su fuerza reside más en la química entre los protagonistas y en la sutileza de sus intercambios que en una trama compleja. Es una película que apuesta por el matiz y la ambigüedad, ofreciendo un retrato sensible —y a veces incómodo— de cómo el pasado y el duelo moldean nuestras relaciones presentes.


Calificación personal: 8


Flow (2024)

 


  • Dirección: Gints Zilbalodis
  • Año: 2024
  • Género: Animación
  • Guión: Gints Zilbalodis, Matiss Kaza, Ron Dyens
  • Música: Gints Zilbalodis, Rihards Zalupe
  • Fotografía: Gints Zilbalodis
  • Montaje: Gints Zilbalodis
  • Productora: Dream Well Studio, Take Five, Sacrebleu Productions


SINOPSIS

Un gato solitario despierta en un mundo cubierto por el agua tras una misteriosa inundación. Para sobrevivir, se refugia en una pequeña embarcación donde coincide con otros animales muy distintos entre sí. Al principio desconfían unos de otros, pero pronto deberán colaborar para enfrentar los peligros del entorno. El viaje por paisajes sumergidos pondrá a prueba su instinto, su valentía y su capacidad de adaptación. En medio del silencio y la incertidumbre, aprenderán que la cooperación es su única esperanza.

CRITICA

La película de animación Flow, dirigida por Gints Zilbalodis, es una propuesta singular dentro del cine animado contemporáneo: una obra prácticamente muda que confía en la imagen, el ritmo y el comportamiento animal para construir su relato. Lejos de la estructura clásica de la animación comercial, Flow apuesta por la contemplación y por una narrativa sensorial donde el guion se articula más a través de la acción y la atmósfera que del diálogo.

Desde el punto de vista del guion, la historia es sencilla en su premisa: un gato solitario debe sobrevivir en un mundo cubierto por el agua tras una gran inundación y acaba compartiendo viaje con otros animales en una pequeña embarcación. Sin embargo, esa simplicidad es deliberada. El guion prescinde de explicaciones sobre el origen del desastre y evita humanizar en exceso a los personajes. No hay moralejas explícitas ni conflictos verbales; el desarrollo dramático se basa en la convivencia forzada, la desconfianza inicial y la construcción progresiva de una cooperación silenciosa. La tensión surge de situaciones físicas —corrientes, ruinas sumergidas, depredadores— más que de antagonismos tradicionales. Esta elección narrativa convierte la película en una experiencia casi universal, aunque también puede resultar exigente para quien espere una trama más estructurada o con clímax convencional.

En cuanto a los personajes, el gran logro de Flow está en su caracterización sin palabras. El gato protagonista no es un héroe antropomorfizado, sino un animal con instintos claros: miedo, curiosidad, territorialidad. Su evolución no pasa por discursos, sino por pequeños gestos —compartir espacio, aceptar ayuda, arriesgarse por el grupo— que revelan un aprendizaje emocional. Los demás animales funcionan como energías complementarias: algunos más confiados, otros más impulsivos o prudentes. No son personajes psicológicamente complejos en el sentido humano, pero sí coherentes en su comportamiento, lo que refuerza la autenticidad del relato.

El guion, en definitiva, se construye sobre la observación y el ritmo. La ausencia de diálogos obliga a que cada acción tenga peso narrativo. Esto fortalece la dimensión poética de la película, pero también reduce la explicitud emocional: el espectador debe proyectar e interpretar. Flow no busca el impacto dramático inmediato, sino una experiencia inmersiva y meditativa sobre la supervivencia, la adaptación y la cooperación en un entorno incierto.

En conjunto, es una obra minimalista y arriesgada que demuestra que la animación puede sostener una historia compleja sin recurrir a fórmulas convencionales. Su guion es austero pero coherente, y sus personajes, aunque silenciosos, transmiten una evolución clara a través de la acción. Más que una aventura tradicional, Flow es una fábula visual sobre la convivencia y la fragilidad del mundo.


Calificación personal: 9



La cena (2025)

 



  • Dirección: Manuel Gómez Pereira
  • Año: 2025
  • Género: Comedia
  • Intérpretes: Alberto San Juan, Mario Casas, Asier Etxeandía, Nora Hernández, Elvira Mínguez, Óscar Lasarte, Martín Páez, Carmen Balagué, Carlos Serrano, Eva Ugarte, Antonio Resines.
  • Guión: Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrano.
  • Música: Anne-Sophie Versnaeyen
  • Fotografía: Aitor Mantxola
  • Montaje: Vanessa Marimbert
  • Productora: Crea SGR, A contracorriente Films

SINOPSIS

La película española La cena narra el encuentro de varias parejas que se reúnen para compartir una velada que promete ser especial. Lo que comienza como una cena distendida pronto se ve alterado por una noticia inesperada que sacude la aparente armonía del grupo. A partir de ese momento, afloran secretos, reproches y tensiones ocultas tras años de amistad. Las conversaciones se vuelven cada vez más incómodas y reveladoras, dejando al descubierto las verdaderas relaciones entre ellos. La noche termina convirtiéndose en un punto de inflexión que cambiará para siempre el vínculo entre los protagonistas.


CRITICA

La película española La cena se construye sobre un dispositivo dramático clásico: una reunión alrededor de una mesa que, poco a poco, deja de ser un encuentro cordial para convertirse en un espacio de confrontación. El guion apuesta por la unidad de espacio y tiempo, apoyándose casi exclusivamente en el diálogo como motor narrativo. Esta decisión le otorga intensidad y una sensación de inmediatez casi teatral, pero también exige una gran precisión en la escritura para mantener la tensión, algo que la película logra de forma irregular.

El libreto se articula como una progresiva revelación de secretos y resentimientos. La conversación avanza en capas, y cada intervención reconfigura lo que el espectador creía entender sobre las relaciones entre los comensales. El conflicto no surge de un gran acontecimiento externo, sino de dinámicas acumuladas: viejas rivalidades, frustraciones personales y diferencias ideológicas que afloran en un contexto aparentemente cotidiano. En sus mejores momentos, el guion maneja bien los silencios, las interrupciones y las miradas, utilizando lo no dicho como elemento dramático. Sin embargo, en ciertos tramos los diálogos pueden resultar excesivamente explicativos, subrayando conflictos que ya se intuían y restando sutileza al conjunto.

En cuanto a los personajes, están diseñados como piezas complementarias dentro del engranaje del conflicto. Cada uno encarna una posición emocional o moral clara —el conciliador, el resentido, el provocador, el que intenta mantener las apariencias— lo que facilita la dinámica coral pero limita, en ocasiones, la profundidad psicológica. Más que evolucionar radicalmente, los personajes se desnudan ante el espectador, revelando contradicciones y vulnerabilidades que complejizan su imagen inicial. La tensión surge del choque entre esas identidades y de la imposibilidad de sostener la fachada social en un espacio tan cerrado.

En conjunto, La cena es un drama contenido que encuentra su fuerza en la palabra y en la incomodidad creciente entre sus protagonistas. No pretende grandes giros ni un despliegue visual espectacular; su apuesta es íntima y centrada en el comportamiento humano. Cuando el guion confía en la ambigüedad y en la interpretación, la película gana densidad; cuando se vuelve demasiado explícito, pierde parte de su impacto. Aun así, funciona como un retrato incisivo de las tensiones contemporáneas que pueden estallar en el lugar más cotidiano: una mesa compartida.


Calificación personal: 7



El favor (2023)

 


  • Dirección: Juana Macías
  • Año: 2023
  • Género: Comedia
  • Intérpretes: Inma Cuesta, Diego Martín, Sara Sálamo, Alfonso Bassave, Gonzalo de Castro, Luisa Gavasa, Isabel Ordaz, Pere Ponce, Betsy Túrnez.
  • Guión: Cristóbal Garrido, Adolfo Valor.
  • Música: Vanessa Garde
  • Fotografía: Andreu Rebés
  • Montaje: Victoria Lammers
  • Productora: Grupo Zeta, Atresmedia Cine


SINOPSIS

En una reunión familiar aparentemente rutinaria, surge una petición inesperada que lo cambia todo. El “favor” que uno de los hermanos solicita desata tensiones, reproches y viejas heridas nunca resueltas. A medida que avanza la conversación, salen a la luz secretos y rivalidades ocultas tras años de aparente normalidad. La situación obliga a cada uno a enfrentarse a sus propios límites morales y afectivos. Lo que comienza como un simple encargo termina poniendo en riesgo el equilibrio y la unidad de la familia.

CRITICA

La película El favor, dirigida por Juana Macías, se construye sobre un punto de partida de comedia incómoda: una petición personal que, en apariencia sencilla, actúa como detonante para desenterrar tensiones familiares, rivalidades y secretos acumulados durante años. Desde el guion, la propuesta apuesta por una estructura clásica de reunión —casi teatral— en la que la acción se apoya principalmente en el diálogo y en la confrontación verbal más que en grandes giros narrativos. La premisa es eficaz porque plantea un conflicto moral con potencial cómico y dramático a la vez, pero el desarrollo tiende a moverse por caminos previsibles, explotando situaciones que el espectador intuye con antelación. El libreto funciona mejor en los intercambios rápidos y punzantes que en los momentos en los que busca mayor profundidad emocional, donde a veces se queda en la superficie.

En cuanto a los personajes, la película se apoya en arquetipos reconocibles: el hermano dominante, el inseguro, el que carga con resentimientos del pasado, la figura conciliadora… Esta tipificación facilita el ritmo cómico y permite que el espectador identifique rápidamente las dinámicas, pero también limita la complejidad psicológica. Más que evolucionar de forma radical, los personajes revelan capas de vulnerabilidad que matizan su comportamiento inicial, aunque sin romper del todo con la función que cumplen dentro del engranaje narrativo. El conflicto principal no transforma profundamente a los protagonistas, sino que los expone, dejando al descubierto sus contradicciones y egoísmos.

El mayor acierto del guion reside en su capacidad para capturar la incomodidad de ciertas conversaciones familiares y convertirla en motor cómico. La tensión se dosifica con habilidad y el humor surge tanto de lo que se dice como de lo que se calla. Sin embargo, cuando la historia intenta equilibrar comedia y reflexión, el tono oscila y puede perder algo de fuerza. En conjunto, El favor es una comedia coral sólida y entretenida, que destaca más por la química entre sus personajes y la agilidad de sus diálogos que por la originalidad de su planteamiento o la profundidad de su análisis psicológico.


Calificación personal: 6



Avatar (2009)

 



  • Dirección: James Cameron
  • Año: 2009
  • Género: Ciencia ficción
  • Intérpretes: Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodríguez, Giovanni Ribisi, CCH Pounder, Joel David Moore, Wes Studi, Laz Alonso.
  • Guión: James Cameron
  • Música: James Horner
  • Fotografía: Mauro Fiore
  • Montaje: James Cameron, John Refoua, Stephen E. Rivfin
  • Productora: 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment,  Dune Entertainment.

SINOPSIS

En un futuro lejano, el exmarine Jake Sully (Sam Worthington) es enviado al planeta Pandora para participar en un programa que le permite habitar un cuerpo Na’vi y así infiltrarse en la población indígena. Su misión es facilitar la explotación de un valioso mineral por parte de una corporación humana. Sin embargo, al convivir con los Na’vi y enamorarse de Neytiri (Zoë Saldaña), comienza a cuestionar los intereses de quienes lo enviaron. Jake se debate entre la lealtad a los humanos y la defensa del pueblo que lo ha aceptado como uno de los suyos. Finalmente, deberá elegir un bando en el conflicto que decidirá el destino de Pandora.

CRITICA

La película Avatar, dirigida por James Cameron, es un caso paradigmático en el que la forma y el fondo generan un interesante contraste. Si se analiza el guion de manera estricta, la estructura narrativa responde a un esquema clásico y bastante reconocible: el protagonista inválido y desencantado (Jake Sully) llega a un nuevo mundo, se infiltra en una cultura ajena con fines utilitarios, descubre sus valores, se enamora y termina traicionando a los suyos para convertirse en defensor —e incluso líder— del pueblo oprimido. Este arco reproduce el modelo del “forastero que se integra”, presente en numerosos relatos previos. La progresión dramática es clara y eficaz, pero también previsible; los conflictos están marcados desde el inicio y el antagonista encarna un arquetipo de villano militarista sin grandes matices psicológicos. El guion apuesta más por la claridad y la universalidad que por la ambigüedad moral o la complejidad temática, lo que facilita la conexión con el público masivo, aunque limita su profundidad dramática.

No obstante, donde el libreto puede parecer convencional, la película gana fuerza en la construcción del mundo y en la integración temática. El discurso ecológico y anticolonial está articulado de manera directa: la explotación de recursos, la deshumanización del “otro” y la crítica al imperialismo corporativo forman el eje ideológico del relato. Aunque el mensaje no es sutil, sí es coherente con el universo que presenta y se integra orgánicamente en la evolución del protagonista. El conflicto no solo es externo (humanos contra Na’vi), sino también interno: Jake debe decidir a qué identidad pertenece, lo que otorga cierta dimensión simbólica a su transformación.

En cuanto a la fotografía, el trabajo visual es uno de los pilares fundamentales del filme. Aunque gran parte de la imagen es generada digitalmente, la dirección de fotografía —supervisada por Mauro Fiore— crea una estética coherente que combina realismo y fantasía. Pandora está concebida con una paleta cromática vibrante, dominada por azules y verdes intensos, que refuerzan la idea de un ecosistema exuberante y vivo. La bioluminiscencia nocturna no es solo un recurso visual espectacular, sino una herramienta expresiva que subraya la conexión espiritual entre los Na’vi y su entorno. En contraste, el mundo humano se presenta con tonos más fríos y metálicos, con encuadres más rígidos y funcionales, marcando visualmente la oposición entre naturaleza y tecnología.

El uso del 3D también resulta clave en la experiencia estética. Cameron no lo emplea como mero truco comercial, sino como un recurso de inmersión espacial: la profundidad de campo, la disposición de los elementos en distintos planos y la sensación de volumen convierten el entorno en un espacio tangible. La cámara —real o virtual— se mueve con fluidez, especialmente en las secuencias aéreas, generando una sensación de libertad y vértigo que acompaña la transformación emocional del protagonista.

En conjunto, Avatar no destaca por la originalidad de su guion, sino por la manera en que lo potencia a través de la puesta en escena y la fotografía. Es una obra en la que el espectáculo visual no es accesorio, sino constitutivo del sentido: la experiencia estética amplifica el mensaje temático y compensa la previsibilidad narrativa. Así, la película se consolida más como un hito técnico y sensorial que como una revolución en el terreno del relato, pero su impacto en la historia del cine contemporáneo es innegable precisamente por esa fusión entre tecnología, imagen y emoción.


Calificación personal: 8